Hay una pregunta que hoy recorre despachos oficiales y gobernaciones: ¿la reforma laboral va a salir o se traba antes de llegar al recinto? Mientras el Congreso sigue en modo verano, la política no descansa. Y lo que se está negociando ahora, lejos de las cámaras, puede definir el futuro del proyecto más sensible del Gobierno.
El oficialismo sabe que no le sobran votos. Por eso activó una estrategia clara: salir a buscar avales provincia por provincia. El encargado de esa misión es Diego Santilli, que se mueve como puente directo entre la Nación y los gobernadores, con un objetivo concreto: asegurar respaldo político y parlamentario.
La reforma laboral es una de las prioridades que el Ejecutivo quiere tratar en sesiones extraordinarias. La idea es llevarla al Senado a mediados de febrero, pero para eso necesita algo clave: consenso. Sin acuerdos previos, el proyecto corre riesgo de naufragar antes de empezar.
En ese marco, Diego Santilli arrancó la ronda de reuniones en Chaco. Allí se encontró con el gobernador Leandro Zdero, uno de los mandatarios con mejor sintonía con la Casa Rosada. Tras el encuentro, el chaqueño dio señales claras de acompañamiento y habló de la necesidad de modernizar las reglas del trabajo para ordenar la economía y fomentar el empleo.
Desde el Gobierno destacan que la reforma laboral apunta a dinamizar sectores productivos como la energía, la minería, el agro y la economía del conocimiento. La promesa es simple: más inversión y más trabajo. Pero en las provincias miran el detalle fino del proyecto, porque no todo cierra.
El principal foco de conflicto es el artículo 191, que modifica el impuesto a las Ganancias. Gobernadores advierten que ese cambio impactaría de lleno en la recaudación y, por ende, en la coparticipación. Según estimaciones que circulan en las negociaciones, las provincias podrían perder más de $1,7 billones en 2026. Ese punto enfría varios apoyos y obliga al Gobierno a recalcular.
La agenda de Santilli sigue con reuniones clave. En La Pampa lo espera el peronista Sergio Ziliotto, uno de los más críticos del proyecto. En Chubut y Mendoza, el oficialismo busca sumar voluntades que pueden inclinar la balanza en el Senado. En especial, el radical Alfredo Cornejo, cuyo aval provincial podría aportar votos decisivos.
Hoy el oficialismo no llega solo al quorum. Necesita sí o sí del acompañamiento de la UCR y de fuerzas provinciales. Dentro del radicalismo reconocen que una reforma laboral es necesaria, pero plantean reparos concretos, sobre todo por el fondo de cese laboral y el uso de recursos de ANSES.
En este escenario, cada aval provincial cuenta. Cada gobernador tiene una ficha clave. Y cada concesión puede definir el resultado. La reforma laboral todavía no se debate, pero la verdadera discusión ya empezó. Y se juega, por ahora, lejos del recinto.