Carlos Rovira enfrenta su peor pesadilla electoral dentro de Misiones. El autodenominado conductor estratégico ostenta un rechazo popular que supera cómodamente al 80 por ciento. Ninguna alquimia discursiva logra frenar semejante sangría en los sondeos. Sus habituales trucos perdieron efecto sobre una sociedad agotada.
Para maquillar esta debacle, la vieja Renovación mutó hacia Encuentro Misionero. Sin embargo, este flamante sello funciona como un salvavidas de plomo para cualquier candidato oficialista que intente asomar la cabeza. Nadie puede perforar ese techo miserable del 20 por ciento. La brutal caída arrastra incluso al intendente de Posadas, incapaz de retener su propio territorio.
Desesperado por los números rojos, el cacique provincial bajó una orden insólita. Mandó a la Legislatura un proyecto bautizado Ficha Limpia que busca directamente proscribir a los opositores más competitivos. Resulta tragicómico ver al oficialismo disfrazarse de adalid transparente. ¿Quién puede creerle a un espacio manchado por escándalos eternos?
Conviene tener memoria frente a tanto cinismo normativo. Hace apenas un año, este mismo líder ordenaba a sus senadores Carlos Arce y Sonia Rojas votar en contra de la transparencia para agradar a Cristina Fernández. Hoy modifican su postura porque el agua les llega hasta el cuello. Semejante trampa institucional es su última herramienta de supervivencia.
El rovirismo agotado y sin rumbo
En este contexto de debilidad extrema, reapareció una figura clave rompiendo el silencio. Joaquín Losada volvió al ruedo mediático para confirmar lo que todos susurran en los cafés céntricos. “El rovirismo está totalmente agotado”, sentenció el ex alcalde posadeño sin titubear. Sus declaraciones cayeron como misiles sobre la casa de gobierno.
Los guarismos que maneja la disidencia coinciden con ciertos informes publicados por PrimeraPágina.info recientemente. Más del 50 por ciento de los habitantes repudia tanto a la administración provincial como a la gestión nacional de Javier Milei. Existe un enorme vacío representativo esperando ser ocupado mediante opciones racionales. La gente exige una tercera alternativa alejada de los extremos.
Esa avenida del medio comienza a pavimentarse silenciosamente. Dirigentes opositores, legisladores rebeldes y empresarios de peso diagraman un frente centrista que amenaza con barrer al feudalismo. Las reuniones secretas se multiplican lejos del espionaje estatal. Se percibe un fuerte aroma a fin de época que resulta imposible ocultar.
Fugas masivas y traiciones territoriales
El pánico no solo invade la capital, sino que paraliza al interior profundo. Los intendentes atados al poder caminan por las paredes buscando la fórmula para cortar amarras con su jefe. “Cómo carajos nos vamos a sacar esta ancla de encima”, repiten estos alcaldes en tertulias reservadas. Saben que sostener aquel mandato central significa firmar su certificado de defunción.
Previendo semejante estampida, el todopoderoso armador intentó blindarse. Impulsó rápidamente cierta boleta única partidaria para evitar que los barones municipales lo recorten dentro del cuarto oscuro. También amagó con prohibir reelecciones indefinidas a modo de extorsión. Los caciques ya le tomaron el tiempo y perdieron absolutamente el miedo.
La gran incógnita radica en los pasos del actual mandatario. Hugo Passalacqua observa el barco hundirse y evalúa seriamente dar el salto hacia un incipiente espacio opositor moderado. Fuentes confiables aseguran que gobernadores de Córdoba y Santa Fe bendicen dicha estrategia. Incluso Mauricio Macri mira con simpatía semejante jugada para debilitar a los libertarios.
La historia grande se escribirá durante los próximos meses. Si la coalición disidente logra fusionarse con los heridos del aparato oficial, el imperio mesopotámico será solo un mal recuerdo. El otrora intocable monarca tendrá que ir comprando pasajes sin retorno hacia París. La tierra colorada despertó y exige recuperar su dignidad robada.