Durante 2025, el gasto público nacional volvió a caer y alcanzó su nivel más bajo de los últimos 18 años. El dato confirma una tendencia que ya se había iniciado en 2024 y que está directamente ligada al rumbo económico del Gobierno de Javier Milei.
Por segundo año consecutivo, el Estado nacional redujo sus erogaciones. El objetivo es claro: achicar el tamaño del Estado, ordenar las cuentas y sostener el equilibrio fiscal. Esta estrategia forma parte del plan conocido como “motosierra”, uno de los ejes centrales del actual modelo económico.
Según estimaciones del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), el gasto de la administración central pasó de unos 135.000 millones de dólares en 2023 a cerca de USD 97.000 millones en 2025. Es una baja fuerte y sostenida.
El director del organismo, Nadin Argañaraz, explicó que, como el gasto de 2025 fue similar al de 2024 en términos reales, la reducción acumulada en dos años ronda los USD 75.000 millones. En otras palabras: el recorte no fue un hecho aislado, sino parte de un proceso continuo.
Si se mira el gasto público nacional en relación con el Producto Bruto Interno (PBI), la caída es todavía más clara. En 2025, los egresos bajaron un 4,84% respecto de 2024 y un 26% en comparación con 2023.
Este ajuste responde a una decisión política: reducir el tamaño del Estado para, según el Gobierno, generar condiciones de crecimiento económico y avanzar luego en una baja de impuestos.
Cuando se analiza el gasto público consolidado —que incluye Nación, provincias, Ciudad de Buenos Aires y municipios— la reducción total fue de 6,5 puntos del PBI entre 2023 y 2025. Así, el gasto quedó en el 31,42% del producto.
El dato clave es que el mayor recorte lo hizo el Estado nacional. En cambio, las provincias aumentaron su peso relativo dentro del gasto total, sobre todo por mayores gastos corrientes. Esto cambió la distribución del esfuerzo fiscal dentro del sector público.
Estos números fueron destacados por el propio Javier Milei en una entrevista con el streaming Neura. Allí volvió a defender la reducción del gasto público nacional como una condición necesaria para aliviar la presión sobre la economía.
“La motosierra no descansa nunca”, afirmó el Presidente. Y agregó una idea central de su discurso: “La verdadera presión fiscal es el tamaño del gasto público, porque eso después hay que financiarlo”.
Hoy, con el Estado nacional en niveles similares a los de 2007, el debate sigue abierto. Pero los datos muestran algo concreto: el gasto ya está en su punto más bajo en casi dos décadas.