Malvinas: Estados Unidos le pone paños fríos al choque entre Argentina y Gran Bretaña

Washington busca desescalar el conflicto por el petróleo de Sea Lion mientras vence el ultimátum legal.

05-10-2026 - Por Crítica Argentina

El diplomático Mike Waltz, flamante enviado de Estados Unidos ante la ONU, metió el freno de mano en los pasillos de Londres y Buenos Aires para enfriar la mayor escalada bilateral desde el conflicto austral, en un octubre donde la diplomacia criolla activó el arbitraje legal para congelar la extracción de crudo en las Islas Malvinas. Ante los micrófonos británicos, el funcionario esquivó respaldar la postura colonial y aclaró que “esa es una decisión que le corresponde” al mandatario Donald Trump, dejando en claro que la rosca internacional prioriza evitar un incendio mayor antes que alimentar bravuconadas en el Atlántico Sur.

La cancillería británica no tardó en mover sus alfiles y citó a la embajadora Mariana Plaza para facturarle en la cara la osadía procesal de frenar el yacimiento en aguas disputadas. La funcionaria Uma Kumaran calificó la embestida judicial argentina como “el último intento de socavar los derechos y los medios de vida del pueblo de las Malvinas”, demostrando el nerviosismo que reina en el Reino Unido ante la amenaza de un fallo vinculante. Desde el Palacio San Martín respondieron sin titubear que judicializar el saqueo es el camino soberano más serio que un país puede encarar.

La maquinaria administrativa argentina ya repartió más de 180 notificaciones intimidatorias a las petroleras implicadas y radicó denuncias directas contra 10 corporaciones transnacionales. El ultimátum de dos semanas acorrala a los ingleses bajo el paraguas de la Convemar, advirtiendo que si no apagan los motores del proyecto antes de que termine el mes, el expediente aterrizará en el TIDM radicado en la ciudad de Hamburgo. La presión territorial sobre el mar abierto “es el acto más responsable que puede realizar un Estado”, mientras los lobistas británicos sudan frío calculando el costo financiero de la parálisis.

El botín en pugna reposa a unos 220 kilómetros del archipiélago, donde la firma israelí Navitas Petroleum retiene el 65% del negocio y sus socios ingleses completan la torta. Hablamos de una reserva monstruosa de 1.700 millones de barriles de crudo que pretenden bombear a razón de 200.000 barriles diarios hacia el año 2030, un negocio multimillonario que los piratas corporativos no piensan resignar sin pelear. En la City londinense calculan que “el primer petróleo sigue teniendo como objetivo el primer trimestre de 2028”, ignorando olímpicamente las intimaciones soberanas que brotan desde el continente.

Para calmar a sus inversores, el mandamás corporativo Sam Moody exhibió balances ante la Bolsa de Valores de Londres asegurando que la operadora Rockhopper Exploration cuenta con billetera blindada para perforar sin pausa. La empresa levantó USD 180 millones frescos y sumó otros USD 20 millones en una colocación que superó ampliamente la oferta inicial, minimizando la avanzada albiceleste como mero barullo para la tribuna. En los despachos financieros aseguran que el proyecto está “totalmente financiado” hasta el día de la extracción, confiando ciegamente en el paraguas militar británico.

El desenlace de este ajedrez naval dependerá del guiño que baje desde la Casa Blanca, donde la relación carnal que vende el oficialismo libertario colisiona contra la alianza histórica anglosajona. El propio emisario norteamericano bendijo el cónclave entre el líder republicano y el mandatario Andy Burnham, avisando que las alianzas estratégicas mandan sobre las afinidades ideológicas de ocasión. En el barro diplomático donde confluyen el orgullo nacional y los millones del subsuelo marino, la advertencia resuena implacable: “independientemente de la política de cada uno, esta relación siempre tiene que funcionar”.

Lo que tenés que saber sobre el conflicto petrolero en Malvinas

 

  • El rol de Washington: El embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, evitó tomar partido por el Reino Unido y priorizó desescalar la tensión con Argentina.
  • El yacimiento en juego: El proyecto Sea Lion alberga 1.700 millones de barriles en la Cuenca Malvinas Norte, operado por Navitas Petroleum (65%) y Rockhopper Exploration (35%).
  • Ultimátum diplomático: Argentina activó el arbitraje bajo la Convemar y dio dos semanas de plazo antes de llevar el caso al TIDM en Hamburgo.
  • Respaldo corporativo: Las empresas aseguran haber recolectado más de USD 200 millones en la Bolsa de Valores de Londres para perforar en 2028.