Mauricio Macri y el eterno laberinto amarillo: del sueño de cambio al auxilio de La Libertad Avanza

En este análisis desmenuzamos cómo la falta de convicción doctrinaria vació el proyecto original del PRO, forzando a su fundador a ensayar candidaturas testimoniales antes de terminar subsumido en el oficialismo libertario. Una radiografía sin anestesia sobre el costo de especular con el rumbo económico del país.

20-08-2026 - Por Crítica Argentina

El espacio fundado por Mauricio Macri nació como una fuerza de centroderecha capaz de articular con la Unión Cívica Radical (UCR) y la Coalición Cívica (CC) de Elisa Carrió. Aquella coalición denominada Cambiemos logró quebrar la hegemonía kirchnerista en el año 2015. La victoria despertó una expectativa inédita en la sociedad civil y en los mercados extranjeros.

En su momento fundacional, el liderazgo del expresidente invitó a comparaciones con figuras centrales de la historia como Hipólito Yrigoyen, Juan Domingo Perón, Arturo Frondizi, Raúl Alfonsín o Carlos Menem. Sin embargo, la falta de espesor doctrinario y el exceso de gradualismo terminaron licuando los objetivos de su propia administración. El círculo de asesores inmediatos prefirió el marketing antes que la batalla cultural.

El fracaso de esa gestión derivó en el regreso del populismo bajo la administración de Alberto Fernández. La posterior debacle económica abrió el camino para que un dirigente disruptivo como Javier Milei canalizara el hartazgo social. La ciudadanía optó por romper de cuajo con las recetas conocidas y abrazó el ideario de La Libertad Avanza (LLA).


Ambición sin brújula propia


Tras observar las dificultades iniciales del plan de estabilización, el exmandatario intentó reinstalarse en el centro del tablero especulando con un recambio. Para medir el terreno ungió al exministro Hernán Lacunza bajo el lema publicitario “el próximo paso”. La maniobra buscaba posicionar una alternativa moderada frente al rumbo libertario mientras insinuaba una postulación propia.

El experimento duró semanas antes de esfumarse por completo frente a la realidad de las urnas y la opinión pública. Sin sustento territorial ni votos propios, la dirigencia partidaria terminó sellando una alianza subordinada a la estructura de La Libertad Avanza. La jugada expuso la ausencia de un programa autónomo que fijara prioridades claras de gasto, ciencia o salud dentro del superávit fiscal.


Fugas, repliegues y resignación


La incapacidad de sostener una propuesta diferenciada aceleró la dispersión interna de sus principales cuadros técnicos y territoriales. Muchos dirigentes optaron por sumarse de lleno a la gestión gubernamental, mientras otros eligieron el ostracismo o la ambigüedad de los bloques tradicionales. El resultado fue la pérdida de una identidad política que supo representar a millones de votantes.

Quienes en su momento expresamos cuestionamientos con crudeza —incluso lamentando exabruptos verbales pero ratificando el diagnóstico de fondo— vemos con pesar la entrega de aquellas banderas históricas. La claudicación silenciosa de una dirigencia que prefirió el pacto antes que la consistencia doctrinaria deja vacante una representación que tarde o temprano volverá a emerger.

Lo que tenés que saber sobre la crisis del PRO

  • Génesis y apogeo: La victoria de 2015 junto a la UCR y la CC rompió doce años de dominio kirchnerista.
  • El vacío conceptual: El apego al gradualismo impidió transformaciones de raíz y facilitó el retorno del peronismo en 2019.
  • El fenómeno libertario: La irrupción de Javier Milei capitalizó la demanda de un ajuste fiscal severo y desarticuló el esquema bicoalicional.
  • El amague electoral: La postulación de Hernán Lacunza con el eslogan “el próximo paso” no logró consolidar volumen político.
  • Subsunción final: El acuerdo definitivo con el oficialismo evidenció la falta de un plan económico y programático propio.