"Estamos viviendo un adelantamiento de los tiempos electorales producto de la ansiedad de los medios que, a su vez, genera ansiedad en la política y en sus dirigentes", confiesa un colaborador cercano al esquema de La Libertad Avanza. La frase describe el clima que se respira en la Casa Rosada, donde los equipos técnicos no pierden el tiempo y aceleran el operativo de reelección.
La cúpula violeta descree de los pactos de último momento entre Sergio Massa, Axel Kicillof y Máximo Kirchner. "Los une el espanto. Tienen una agenda en común para hacer daño y postergan su propia discusión", sentencian desde el armado libertario. En el Gobierno descuentan que la oposición peronista resolverá sus diferencias si percibe chances reales de volver al poder.
En los pasillos de Balcarce 50 ven cantada la postulación del mandatario de la Provincia de Buenos Aires. "No va a ser otro que Axel (Kicillof) porque además, a medida que pase el tiempo, va a ser más difícil bajar las PASO", analiza un dirigente con llegada diaria al despacho presidencial. Al oficialismo le conviene polarizar frente al ala más ideologizada del kirchnerismo duro.
"Si la pregunta es cómo llegamos a octubre del 27, nos imaginamos reelectos en primera vuelta. Siguiente pregunta", remarcó con tono desafiante el vocero presidencial, Adrián Ravier. Sin embargo, algunos operadores no bajan la guardia ante eventuales sorpresas del Partido Justicialista. Recuerdan que en comicios anteriores la vieja política apeló a figuras inesperadas como Alberto Fernández.
La meta de fondo descansa en consolidar la baja de la inflación y lograr que la reactivación se sienta en la calle. Si las dudas persisten, el oficialismo considera que el rechazo al pasado será determinante para definir voluntades indecisas. "Hay todo un sector que quizás no está convencido, pero no quiere volver para atrás", apuntan quienes caminan los pasillos gubernamentales.
Por el lado de figuras emergentes como Jorge Brito, tentado por Emilio Monzó, o el predicador Dante Gebel, la respuesta oficial es tajante. "La disrupción se dice y se hace. Si no tenes estructura es difícil. Se plantan en la tele, manifiestan su intención, pero hay que construir un partido", remarcan desde el espacio libertario. Sin aparato territorial ni boletas aseguradas en los distritos, las aventuras mediáticas quedan reducidas a meros testimonios.
El frente amarillo también entra en la calculadora del poder. Con el visto bueno de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, se reanudaron los contactos con el expresidente Mauricio Macri mediante una mesa técnica específica. Aunque en el búnker de La Libertad Avanza prima la confianza, en el entorno de Mauricio Macri predomina el escepticismo sobre el destino de la alianza legislativa y territorial.
La Ciudad de Buenos Aires continúa como el núcleo de mayor fricción entre ambos espacios. Los estrategas de Javier Milei entienden que las diferencias internas entre Mauricio Macri y el alcalde porteño, Jorge Macri, demoran el cierre en el distrito capitalino. Por eso mismo, la discusión porteña quedó excluida de la primera cumbre en la sede de gobierno.
"Mauricio está muerto. El acuerdo con el PRO en la provincia está avanzado y con Jorge podemos discutir para cerrar sin que pidan mucho más", aseguran fuentes inobjetables del oficialismo. La mesa chica libertaria busca consolidar la provincia de Buenos Aires y evitar concesiones desmedidas frente al liderazgo tradicional amarillo.
Claves del tablero político nacional
- Reelección en marcha: El oficialismo diseña su estrategia pensando en una victoria sin balotaje en 2027.
- Rival definido: El espacio prefiere confrontar abiertamente contra Axel Kicillof.
- Alianza en debate: Karina Milei encabeza las conversaciones técnicas con el PRO, priorizando el acuerdo bonaerense.
- El factor porteño: Las tensiones entre Mauricio Macri y Jorge Macri condicionan el entendimiento en el distrito capitalino.