Milei le devolvió al agro el liderazgo mundial que el kirchnerismo había dilapidado

Mientras durante años la política convirtió al campo en una caja para financiar privilegios, el corazón productivo de la Argentina volvió a dar una demostración de potencia. El Gran Rosario recuperó en 2025 el primer lugar entre los nodos agroexportadores del planeta y dejó atrás a gigantes como Nueva Orleans y Santos. Detrás de ese dato hay algo más profundo: el regreso de la confianza, la inversión y la producción luego de años de castigo estatal.

03-06-2026 - Por Crítica Argentina

La noticia pasó casi en silencio para buena parte del ecosistema político que durante décadas miró al sector privado con desconfianza. Sin embargo, para cualquiera que entienda cómo se generan los dólares que sostienen la economía argentina, el dato tiene una relevancia enorme.

El Gran Rosario volvió a convertirse en el principal nodo portuario agroexportador del mundo tras embarcar 75,7 millones de toneladas de granos, aceites y subproductos durante 2025. La cifra dejó atrás las 74,8 millones de toneladas despachadas por Nueva Orleans, en Estados Unidos, y las 60 millones que salieron desde Santos, el principal puerto brasileño.

No se trata de un ranking simbólico. Se trata del lugar desde donde sale buena parte de la riqueza que genera la Argentina.

Durante años, el complejo agroindustrial fue tratado por el kirchnerismo como una billetera infinita. Retenciones confiscatorias, cepos, intervenciones, tipos de cambio múltiples y regulaciones absurdas terminaron erosionando competitividad, frenando inversiones y castigando a quienes producían.

La histórica sequía de 2023 hizo el resto. El polo santafesino cayó al tercer puesto mundial y muchos aprovecharon para instalar el relato de una decadencia irreversible. La realidad terminó siendo otra.

Con la recuperación de las cosechas, la normalización de variables económicas y un esquema claramente más amigable con la producción, el panorama comenzó a cambiar.

Los números desmienten años de relato intervencionista.


El motor que genera dólares


Hay algo que suele perderse detrás de las discusiones ideológicas.

Entre Timbúes y Arroyo Seco, sobre apenas 70 kilómetros de costa del río Paraná, funcionan 30 terminales portuarias, de las cuales 18 están especializadas en productos agroindustriales. Desde allí sale cerca de un tercio de los dólares que ingresan al país por exportaciones de bienes.

No existe otro nodo similar en el planeta.

A esa infraestructura se suma una capacidad de molienda superior a 52 millones de toneladas anuales, equivalente a aproximadamente el 75% de toda la capacidad instalada argentina.

Es la combinación de producción, industria y logística funcionando como un engranaje de precisión.

Durante años, esa maquinaria operó con el freno de mano puesto por decisiones políticas tomadas desde escritorios alejados del interior productivo.

Por eso el resultado actual tiene una lectura política inevitable.

El gobierno de Javier Milei entendió algo elemental: cuando el Estado deja de perseguir al que produce, la economía responde.

No es casualidad que la recuperación haya coincidido con la reducción de la presión sobre el sector exportador y con un discurso oficial que abandonó la vieja lógica de confrontación permanente con el campo.


El contraste con Brasil


La comparación internacional también deja enseñanzas.

Mientras el puerto de Santos, principal salida exportadora de Brasil, quedó relegado al tercer lugar, el complejo santafesino logró recuperar terreno gracias a una ventaja estructural que muchas veces se subestima.

La zona núcleo argentina tiene una cercanía extraordinaria con los puertos. Los costos logísticos son considerablemente menores que en otras regiones competidoras. Esa eficiencia natural se potencia cuando la política deja de intervenir cada movimiento de la economía.

El mercado premia la competitividad; la burocracia sólo genera costos.

En el complejo soja, el nodo rosarino alcanzó 40,9 millones de toneladas exportadas. En maíz llegó a 22,8 millones, ubicándose entre los principales centros mundiales de despacho de ambos productos.

Además, el volumen adquiere otra dimensión cuando se observa que la Argentina exportó 97,5 millones de toneladas de commodities agrícolas durante la campaña 2024/25. Es decir, sólo los embarques realizados desde el sur santafesino representan una porción gigantesca del comercio exterior nacional.


Lo que viene puede ser todavía mayor


Los primeros datos de 2026 alimentan expectativas inéditas.

Durante el primer cuatrimestre se embarcaron desde terminales argentinas 34,6 millones de toneladas, el mayor volumen registrado para ese período. De ese total, 25,2 millones salieron desde los puertos del Gran Rosario, también una marca histórica.

Si la tendencia continúa, el complejo podría cerrar el año como líder global por segunda temporada consecutiva.

Sería un hecho sin antecedentes recientes en el comercio agroindustrial mundial.

Y hay una conclusión que incomoda a muchos dirigentes de la vieja política.

Cuando bajan las trabas, aparecen las inversiones.

Cuando desaparecen las distorsiones, crecen las exportaciones.

Cuando se respeta al que produce, ingresan más dólares.

El fenómeno del Gran Rosario no es solamente una historia portuaria. Es una fotografía de dos modelos enfrentados.

Uno basado en la confiscación, el control y la sospecha permanente hacia el sector privado.

El otro apoyado en la libertad económica, la inversión y la generación genuina de riqueza.

Los resultados, una vez más, están a la vista.

Lo que tenés que saber sobre el liderazgo agroexportador

  • Gran Rosario embarcó 75,7 millones de toneladas durante 2025.
  • Superó a Nueva Orleans (74,8 millones) y a Santos (60 millones).
  • El complejo concentra alrededor del 75% de las exportaciones agroindustriales argentinas.
  • Entre Timbúes y Arroyo Seco operan 30 terminales portuarias.
  • En el primer cuatrimestre de 2026 ya se registraron nuevos récords de embarques.