Arrancó con poesía y terminó en polémica. Lo que pasó arriba del escenario no fue solo folklore, y eso explica por qué el Festival Nacional de Folklore de Cosquín quedó en el centro de la discusión. La pregunta que muchos se hacen es simple: ¿el festival sigue siendo un evento cultural o se transformó en un espacio político financiado con plata pública? En esta nota te explicamos qué ocurrió, por qué generó rechazo y cómo contrasta con otros modelos exitosos.
Durante una de las noches, el poeta Hugo Rivella lanzó una crítica política disfrazada de verso. Habló de “un león que en realidad es una rata que grita”, una referencia indirecta pero clara al presidente Javier Milei, usando uno de sus símbolos más conocidos. El mensaje no pasó desapercibido: el video se viralizó rápido y desató una ola de repudios en redes sociales.
La reacción del público marcó una tendencia. Muchos usuarios rechazaron la politización del evento y defendieron al mandatario, que fue votado de manera contundente en Córdoba. Para ese sector, lo ocurrido fue una falta de respeto a la democracia y a la voluntad popular expresada en las urnas. La crítica no fue al folklore, sino al uso del escenario para bajar línea política.
Detrás de esta orientación aparece la figura del intendente Raúl Cardinali, identificado con el kirchnerismo. Su gestión es señalada como la responsable de permitir que el escenario mayor del Festival Nacional de Folklore de Cosquín se use para mensajes ideológicos. El malestar no solo se ve en redes: las tribunas semivacías y la baja venta de entradas en la apertura reflejan un desgaste real.
Mientras Cosquín enfrenta críticas, el festival de Jesús María muestra otro camino. Con un modelo autosustentable, el evento del norte cordobés logró récord de ventas y cerró con superávit. No depende de subsidios estatales y apuesta a una gestión moderna y ordenada.
Ese enfoque también se notó en el clima del evento. Jesús María recibió a Javier Milei con una ovación masiva, en un contexto donde se destacó el esfuerzo privado y la tradición. Los números de taquilla son claros y muestran qué tipo de festival elige hoy la gente.
En cambio, Cosquín acumula pérdidas año tras año y sobrevive gracias al aporte de los contribuyentes. La falta de modernización y el sesgo ideológico alejaron a las nuevas generaciones y dañaron el prestigio de un evento que supo ser histórico.
Las nueve noches de la edición 2026 arrancaron con discursos políticos encubiertos de poesía. Para muchos, se trata de militancia financiada con recursos públicos. Incluso el propio Raúl Cardinali había dicho que no recibiría al presidente si asistía, una postura que profundizó la grieta.
La crisis del Festival Nacional de Folklore de Cosquín deja una conclusión clara: sin gestión eficiente y sin respeto por el público, la cultura pierde fuerza. Hoy, el debate ya está abierto y la audiencia parece estar eligiendo otro modelo.