Adorni se pinchó y Bullrich salió a jugar sin pedir permiso

La denuncia contra Manuel Adorni alteró todos los planes de La Libertad Avanza en la Ciudad. Mientras en la Casa Rosada intentan bajar la espuma, Patricia Bullrich arrancó la campaña por la sucesión porteña con agenda propia y un mensaje directo a los votantes que ya no toleran la decadencia urbana del macrismo. En esta nota te contamos cómo quedó el tablero libertario, quiénes miden, quiénes sobran y por qué el 2027 ya empezó.

27-05-2026 - Por Crítica Argentina

La política argentina tiene una particularidad: nadie admite una crisis hasta que el olor a pólvora llega al despacho presidencial. Y eso es exactamente lo que pasó en la mesa chica de La Libertad Avanza con el caso de Manuel Adorni.

Hasta hace apenas unos meses, el vocero presidencial caminaba los pasillos de la Casa Rosada como número puesto para disputar la jefatura de Gobierno porteña en 2027. En el karinismo lo veían como la continuidad natural del fenómeno libertario en la Capital. Tenía centralidad, exposición y el respaldo explícito del aparato comunicacional oficialista.

Pero en política nadie está blindado. Mucho menos en un gobierno que construyó poder denunciando privilegios, kioscos y corrupción de la vieja política.

La denuncia por presunto enriquecimiento ilícito le pegó a Adorni donde más le dolía: en el activo más importante de cualquier dirigente libertario, la credibilidad pública. Y aunque en el oficialismo primero intentaron relativizar el impacto, hoy el clima es otro.

En Balcarce 50 ya admiten, por lo bajo, que el portavoz quedó herido para una pelea de semejante magnitud. Nadie lo va a decir frente a un micrófono porque la lógica libertaria castiga a los propios que muestran debilidad. Pero en los despachos donde realmente se corta el bacalao entienden que salir a disputar la Ciudad con un candidato cuestionado sería regalarle oxígeno a un PRO que venía groggy.


Bullrich aceleró sola


En ese vacío apareció rápidamente Patricia Bullrich. Y lo hizo como hace todo desde hace años: sin pedir permiso y marcando la cancha.

La ministra convertida en senadora libertaria publicó un video hablando del deterioro del subte porteño y del atraso estructural de la Ciudad. No fue un mensaje inocente. Fue un spot de campaña disfrazado de reflexión urbana.

“Buenos Aires fue la primera ciudad de Latinoamérica en tener subte. Y 113 años después ni siquiera lidera en extensión y conexión”, disparó.

La frase cayó como una bomba en el ecosistema libertario. No porque alguien esté en desacuerdo con el diagnóstico, sino porque dejó expuesto algo mucho más incómodo: el desgaste de la gestión de Jorge Macri en temas cotidianos que irritan al porteño de clase media que paga impuestos carísimos y recibe servicios cada vez peores.

En la Rosada aseguran que Bullrich no consultó a nadie antes de lanzar ese video. Traducido al castellano político: salió a medir sola.

Y hace bien.

Porque mientras algunos siguen discutiendo encuestas de laboratorio, ella entendió algo elemental: el votante de la Ciudad está cansado de la estética PRO sin resultados concretos. La limpieza empeoró, el tránsito es un caos, las villas crecieron y el subte parece detenido en el tiempo.

Bullrich leyó ese humor social antes que varios consultores caros que todavía hablan como si estuviéramos en 2017.

De todos modos, nadie dentro de La Libertad Avanza ignora que la lapicera la tiene Karina Milei. Y ahí está el verdadero centro de poder.


Karina define todo


En el universo libertario hay algo que ya no se discute: ningún candidato se mueve sin aval de “El Jefe”. Así llaman internamente a Karina.

La secretaria general de la Presidencia construyó un esquema vertical donde cada candidatura importante pasa por su filtro político y personal. Y la Ciudad no será la excepción.

Por eso hoy la armadora clave en territorio porteño es Pilar Ramírez, legisladora y dirigente de extrema confianza del karinismo. Ella será quien termine de ordenar listas, alianzas y nombres.

El dato no es menor.

Porque mientras Bullrich juega fuerte y Adorni intenta sobrevivir al desgaste, también reaparecen otros nombres que jamás abandonaron la pelea.

Uno de ellos es Diego Santilli. El actual ministro del Interior vuelve a sonar para la Ciudad después de haber rechazado competir allí en 2025. En aquel momento eligió concentrarse en la Provincia, donde además el karinismo tiene otro peón importante: Sebastián Pareja.

La discusión de fondo es mucho más grande que una candidatura.

Lo que realmente se debate es si el mileísmo va a colonizar definitivamente al PRO o si terminará coexistiendo con sectores amarillos que entienden que sin acuerdo con Javier Milei no tienen supervivencia política.

Ahí entra Jorge Macri.

El jefe de Gobierno empezó a endurecer discurso, reforzó políticas de seguridad y buscó acercarse al ADN libertario. No por convicción ideológica pura, sino porque comprendió que la época cambió y que el votante ya no tolera dirigentes tibios.

En su entorno creen que todavía puede haber entendimiento con la Casa Rosada.

Y no están delirando.

Porque aunque en el núcleo duro libertario lo miren con desconfianza, también reconocen algo incómodo: es de los pocos dirigentes del PRO que logró sostener estructura política sin dinamitar la coalición original.


El peronismo espera agazapado


Mientras el oficialismo acomoda piezas, enfrente nadie duerme.

El peronismo vuelve a empujar a Leandro Santoro, un dirigente que hace años construye perfil porteño con discurso progresista y tono universitario. El problema para ese espacio sigue siendo el mismo: mucha rosca interna y poca conexión con el humor social de una Ciudad que giró claramente hacia posiciones más duras en seguridad y orden público.

Los radicales tampoco encuentran brújula.

La irrupción de Alfredo Cornejo en el armado porteño a través de la fundación Deliberar abrió otra interna silenciosa dentro de la UCR. Aunque públicamente bajen tensión, nadie ignora que hay una pelea por el control partidario.

En paralelo aparece otro actor incómodo: Ramiro Marra.

El ex libertario, expulsado del ecosistema mileísta, analiza jugar por afuera y con base en la Provincia de Buenos Aires. Cerca suyo dicen que hoy le atrae más ese distrito que la Capital.

No es casual.

Marra sabe que en la Ciudad quedó sin estructura, sin bendición y sin terminal política fuerte. Y en política, cuando perdés eso, pasás de protagonista a comentarista.

Por ahora, el único dirigente que conserva centralidad total es Javier Milei.

Todo gira alrededor de él. Su imagen, su economía y su capacidad para sostener el rumbo definirán las candidaturas futuras.

En La Libertad Avanza lo saben perfectamente. Por eso cada movimiento electoral todavía está subordinado a una prioridad absoluta: garantizar la reelección presidencial.

El resto, como suele decir un histórico operador peronista del AMBA, “se acomoda después de la foto”.


El tablero porteño


La Ciudad ya entró en modo campaña aunque falten meses para la discusión formal.

Adorni perdió potencia. Bullrich olió sangre y avanzó. Jorge Macri busca sobrevivir pegándose a Milei. Santoro espera un desgaste económico que todavía no llega. Los radicales siguen discutiendo entre ellos mientras la sociedad cambió de pantalla hace rato.

Y en el medio de todos aparece Karina Milei, silenciosa, disciplinada y cada vez más determinante.

En la política argentina hay algo que nunca falla: cuando se abre una vacante de poder, nadie espera sentado.

Y la pelea por la Ciudad ya empezó.