El kirchnerismo residual no descansa ni los feriados patrios. Justo en el Día de la Bandera, a la muchachada de la orga se le ocurrió la brillante idea de armar un circo callejero en Parque Lezama bajo la excusa de reclamar la "libertad" de Cristina Fernández de Kirchner, a un año exacto de su condena judicial. Lejos de ser un acto de devoción nacional, la juntada se transformó en una verdadera pasarela de magullados, donde sobró el llanto por la prisión domiciliaria de la Jefa y, sobre todo, volaron los carpetazos internos a diestra y siniestra. El blanco principal de la artillería pesada no fue el gobierno libertario, sino un enemigo mucho más íntimo y molesto: Axel Kicillof.
Con el micrófono chorreando veneno, Máximo Kirchner no anduvo con eufemismos y le apuntó directo a la línea de flotación del mandatario provincial. Fastidiado porque el gobernador ya no acata ciegamente las órdenes que bajan desde el Instituto Patria, el diputado nacional le recriminó su falta de sumisión. "Los que todos los días hablan de la unidad ni siquiera son capaces de ir a verla a San José 1111 para ver cómo está", disparó sin piedad, pasándole factura a Kicillof por no ir a arrodillarse a la meca de Balvanera para rendirle pleitesía a la matriarca. Se ve que al principito le provoca urticaria que el bonaerense ande armando rancho aparte con su sello "Movimiento al Futuro", al cual los organizadores mandaron deliberadamente al fondo del palco para dejar en primera fila a los aplaudidores de siempre como Mayra Mendoza y Guillermo Moreno.
Pero la patada voladora al pecho no terminó ahí. Para dejar bien en claro que el divorcio político no tiene marcha atrás, Máximo agarró el manual del buen populista y se mofó de los intentos de Axel por mostrar una gestión ordenada en medio del ajuste. Cuestionó sin asco la búsqueda de "equilibrio fiscal" en la Provincia, preguntándose a los gritos de qué corno sirve si los hospitales y las rutas se caen a pedazos; un dardo letal que expone la descarnada guerra civil por el manejo de la caja.
El broche de oro de este mamarracho militante fue la peregrinación final hacia el coqueto domicilio de la Jefa. A pesar de que el juez a cargo del expediente penal les avisó en todos los idiomas que le cortaba el beneficio del encierro VIP si seguían alterando el orden público con piquetes en su puerta, la condenada no pudo con su ego y salió al balcón a tirar besitos. Pura épica de cotillón para intentar maquillar a un peronismo que, puertas adentro, se devora a sí mismo.
Lo que tenés que saber sobre la sangrienta guerra fría K:
- El hijo ofendido: Máximo destrozó a Kicillof frente a la militancia, acusándolo de llenarse la boca hablando de unidad pero no tener la decencia de ir a visitar a Cristina en su prisión domiciliaria.
- Palazo al modelo bonaerense: El líder camporista chicaneó duramente al gobernador por su obsesión con mostrar números ordenados, dejando en claro que para la orga, el equilibrio fiscal es un invento abstracto.
- El rincón de los castigados: Los dirigentes kicillofistas tuvieron que mirar el acto casi desde la popular. El centro del escenario fue exclusividad de la mesa chica cristinista y aliados de peso.
- Balcón y rebeldía: Desafiando abiertamente la amenaza de la Justicia de revocarle su arresto domiciliario, CFK se asomó para saludar a la nutrida columna que marchó hasta su búnker de San José 1111.