La política argentina suele discutir síntomas mientras ignora las causas.
Durante décadas, gobiernos de distinto color partidario se acostumbraron a convivir con una economía cerrada, una moneda castigada y un sistema financiero reducido a su mínima expresión. En ese escenario, hablar de crédito era casi una extravagancia.
La consecuencia fue evidente.
Miles de familias quedaron afuera del financiamiento formal, las empresas debieron sobrevivir con recursos propios y la inversión privada perdió protagonismo frente a un Estado que cada año ocupaba más espacio.
Por eso las declaraciones del presidente de Adeba, Javier Bolzico, durante el encuentro por el Día del Periodista merecen una lectura más profunda que la habitual.
No se trata solamente de que el crédito crecerá durante 2026.
Lo relevante es que, de cumplirse esa proyección, la Argentina completará tres años consecutivos de expansión financiera.
Ese dato representa un cambio estructural respecto del modelo económico que dominó gran parte de las últimas décadas.
Bolzico recordó que actualmente los préstamos equivalen apenas al 12,5% del PBI.
La cifra expone con crudeza el nivel de atraso acumulado.
En cualquier economía relativamente normal de la región esos porcentajes son considerablemente superiores.
El objetivo planteado por Adeba es duplicar esa participación hasta alcanzar el 25% del producto en los próximos años.
Posteriormente, la meta sería acercarse al promedio latinoamericano, ubicado cerca del 50%.
No es una discusión técnica.
Es una discusión sobre desarrollo.
Porque donde existe crédito aparecen inversiones, nuevas empresas, ampliaciones productivas, consumo durable y empleo privado.
Donde no existe financiamiento, aparece la dependencia del Estado.
Durante años la política construyó un relato según el cual el Estado podía reemplazar al mercado.
El resultado fue exactamente el contrario.
La inflación destruyó el ahorro.
Los controles cambiarios expulsaron capitales.
La incertidumbre paralizó proyectos.
Y el sistema financiero quedó reducido a niveles incompatibles con cualquier proceso serio de crecimiento.
Hoy los bancos transforman aproximadamente el 85% de los depósitos en pesos en préstamos al sector privado.
Bolzico considera que se trata de una buena tasa de conversión.
Sin embargo, también advierte que el verdadero desafío pasa por aumentar el volumen de depósitos y generar instrumentos de financiamiento de largo plazo.
Sin ahorro no existe crédito sostenible.
Y sin estabilidad macroeconómica tampoco.
Por eso el programa económico impulsado por Javier Milei adquiere relevancia.
La baja de la inflación, el equilibrio fiscal y la recomposición de la confianza aparecen como condiciones indispensables para que el sistema financiero vuelva a cumplir su función histórica.
No hay magia.
No hay planes platita.
No hay emisión sin respaldo.
Hay reglas más previsibles y un intento por reconstruir incentivos que fueron destruidos durante años.
Uno de los datos más impactantes mencionados por Bolzico refleja una característica exclusivamente argentina.
Según sus estimaciones, los argentinos mantienen alrededor de USD 330.000 millones líquidos fuera del sistema financiero.
Mientras tanto, los depósitos bancarios en moneda estadounidense rondan apenas los USD 40.000 millones.
La diferencia muestra la enorme desconfianza que dejó la política sobre los ahorristas.
No se trata de una conducta irracional.
Es la consecuencia directa de confiscaciones, corralitos, cepos y cambios permanentes de reglas.
La sociedad aprendió a defenderse.
Ahora el desafío consiste en convencerla de volver.
En ese contexto, el crecimiento del crédito en dólares también aparece como una oportunidad.
Actualmente la conversión de depósitos a préstamos ronda el 55%.
Existe margen para expandirse.
Pero para lograrlo será necesario consolidar la estabilidad y profundizar la confianza.
Bolzico también se refirió al aumento de la mora registrado durante la segunda mitad de 2025.
Lejos de encender alarmas, sostuvo que se trató de un fenómeno transitorio.
"La cartera irregular comenzará a bajar en este segundo semestre para ir convergiendo a niveles normales", afirmó.
La explicación es relevante.
Las entidades financieras lograron absorber ese incremento gracias a adecuados niveles de capitalización y previsiones.
No hubo señales de estrés sistémico.
Tampoco situaciones que pusieran en riesgo la solidez del sector.
La discusión de fondo es otra.
La Argentina está intentando recuperar una herramienta básica que el populismo convirtió en una rareza.
El propio Milei lo definió en distintas oportunidades como uno de los principales instrumentos de movilidad social.
La definición puede resultar incómoda para quienes siguen aferrados a las viejas recetas estatistas.
Pero los hechos son contundentes.
Cuando existe crédito genuino, el ahorro financia inversión.
Cuando hay inversión, aparecen nuevas oportunidades.
Y cuando la economía crece sostenidamente, la movilidad social deja de depender de la política.
En definitiva, detrás de los números que presentó Adeba aparece una conclusión difícil de ignorar.
La normalización financiera ya no es una promesa.
Empieza a reflejarse en indicadores concretos.
Todavía queda mucho camino por recorrer.
Pero después de años de decadencia, la recuperación del crédito vuelve a ser una noticia.
Y en la Argentina de hoy, eso ya representa un cambio profundo.
Lo que tenés que saber sobre el crédito bancario
• Los préstamos representan actualmente el 12,5% del PBI argentino.
• Adeba busca que esa participación alcance el 25% en los próximos años.
• Javier Bolzico anticipó tres años consecutivos de crecimiento crediticio.
• Los bancos convierten el 85% de los depósitos en pesos en financiamiento privado.
• Los argentinos mantienen unos USD 330.000 millones fuera del sistema financiero.
• La mora aumentó durante 2025, pero Adeba prevé una reducción en el segundo semestre.
• El Gobierno apuesta a la estabilidad macroeconómica para consolidar la expansión financiera.