IMPSA vuelve al mundo: la primera privatización de Milei desembarca en la reconstrucción eléctrica de Venezuela

La empresa que el kirchnerismo estatizó y que el Gobierno de Javier Milei devolvió al sector privado acaba de firmar un acuerdo estratégico para intervenir en centrales hidroeléctricas venezolanas. El proyecto busca recuperar miles de megavatios de generación y marca el regreso de IMPSA a los grandes contratos internacionales tras años de parálisis.

18-06-2026 - Por Crítica Argentina

La noticia tiene una carga política imposible de ignorar.

Mientras buena parte de la dirigencia que cuestionó las privatizaciones sigue defendiendo el modelo de empresas públicas deficitarias, IMPSA acaba de concretar un acuerdo internacional de enorme magnitud apenas meses después de haber salido de la órbita estatal.

La compañía mendocina, convertida en la primera privatización efectiva del gobierno de Javier Milei, firmó este sábado un convenio con Venezuela para participar en la recuperación de parte de su deteriorado sistema energético.

No se trata de un contrato menor.

Estamos hablando de la finalización de la Central Hidroeléctrica Tocoma, una obra paralizada desde mediados de los años 2000 y considerada una de las grandes deudas pendientes de la infraestructura venezolana.

La operación representa además una postal que contradice muchos de los pronósticos que se escucharon durante el proceso privatizador.

Cuando el Estado controlaba la compañía, el argumento dominante era que la presencia estatal garantizaba supervivencia, inversión y desarrollo. La realidad terminó mostrando otra cosa.

La empresa fue estatizada en 2021 durante la gestión de Alberto Fernández. Cuatro años después, tras acumular problemas financieros y una pesada estructura de deuda, pasó nuevamente a manos privadas.

La transferencia se concretó a comienzos de 2025, cuando el consorcio Industrial Acquisitions Fund (IAF), liderado por la estadounidense ARC Energy, asumió el control accionario.

La propuesta incluyó una capitalización de 27 millones de dólares y la absorción de obligaciones cercanas a los 576 millones de dólares.

Lo que vino después es precisamente lo que los defensores de las reformas libertarias prometían.

La búsqueda agresiva de mercados.

La apertura de nuevas oportunidades.

Y la recuperación de contratos internacionales que habían quedado congelados durante años.


Del rescate estatal al mercado global


Desde la presidencia venezolana definieron el entendimiento como un acuerdo histórico.

“Hemos suscrito un acuerdo histórico con IMPSA, reconocida empresa latinoamericana, para culminar la Central Hidroeléctrica Tocoma y avanzar en trabajos del Sistema Eléctrico Nacional”, señalaron oficialmente.

Según la información difundida, el proyecto permitirá incorporar inicialmente 2.640 megavatios al sistema energético venezolano.

La cifra adquiere relevancia en un país que todavía enfrenta apagones recurrentes, incluso en Caracas, y donde la infraestructura eléctrica se convirtió en uno de los símbolos más visibles del deterioro provocado por años de falta de inversión.

La obra se encuentra dentro del complejo hidroeléctrico de Guri, sobre el río Caroní, una de las instalaciones energéticas más importantes de América Latina.

El director ejecutivo de la compañía, Jorge Salcedo, detalló que durante los primeros cien días se buscará recuperar tres turbinas de 80 MW en Macagua.

Posteriormente se instalarán dos unidades de 216 MW en Tocoma.

La segunda fase podría aportar otros 1.968 MW, ampliando significativamente la capacidad de generación.

No es casual que el acuerdo haya generado expectativa dentro del sector.

La recuperación del sistema eléctrico venezolano demanda inversiones multimillonarias y conocimientos técnicos que hoy pocas empresas regionales pueden ofrecer.


La privatización que empezó a mostrar resultados


Existe otro dato político que merece atención.

Durante años, las obras permanecieron virtualmente bloqueadas.

Los problemas de pago del régimen venezolano dejaron equipos inmovilizados en Mendoza y frustraron contratos previamente acordados.

La situación comenzó a modificarse luego de que la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) autorizara avanzar con una adenda sobre convenios inconclusos.

Ese paso destrabó negociaciones mantenidas entre la empresa, el Ministerio de Energía venezolano y la estatal Corpoelec.

El monitoreo estadounidense sobre la operación se explica por la participación accionaria de capitales norteamericanos dentro del nuevo esquema societario.

Lo relevante es que la empresa logró hacer algo que bajo administración estatal no había conseguido: volver a sentarse en la mesa de los grandes proyectos internacionales.

Para el Gobierno nacional, el caso constituye un ejemplo concreto de la lógica que impulsa la gestión libertaria.

Menos intervención estatal.

Más inversión privada.

Mayor capacidad para competir.

Mientras la oposición sigue cuestionando cada proceso de desregulación impulsado por la Casa Rosada, los hechos empiezan a mostrar que varias compañías recuperan dinamismo precisamente después de abandonar la tutela política.

La experiencia de IMPSA aparece como uno de los casos más visibles.

No porque el acuerdo con Venezuela vaya a resolver por sí solo los desafíos energéticos regionales.

Sino porque demuestra que una empresa argentina puede volver a exportar tecnología, servicios e ingeniería cuando deja de estar condicionada por la burocracia estatal y recupera capacidad de gestión.

El contexto venezolano también ayuda a explicar la magnitud de la oportunidad.

La reciente reforma aprobada por la Asamblea Nacional de Venezuela abrió la puerta a la participación privada en generación, distribución y comercialización eléctrica mediante concesiones.

Ese cambio regulatorio busca atraer inversiones hacia un sistema que sufrió años de deterioro estructural.

En ese escenario, IMPSA intenta recuperar el protagonismo que alguna vez tuvo en América Latina.

Y lo hace bajo una administración privada nacida de la primera privatización concreta del gobierno de Milei.

Una señal política, económica y empresarial que excede ampliamente el contrato firmado este fin de semana.

Lo que tenés que saber

• IMPSA firmó un acuerdo para intervenir en centrales hidroeléctricas venezolanas.

• La obra principal será la finalización de Tocoma.

• El proyecto permitirá incorporar inicialmente 2.640 MW.

• La empresa fue privatizada en 2025 durante el gobierno de Javier Milei.

• El control quedó en manos de Industrial Acquisitions Fund y ARC Energy.

• La operación fue autorizada por la OFAC estadounidense.

• La segunda etapa podría sumar otros 1.968 MW.

• El acuerdo marca el regreso de IMPSA a los grandes contratos internacionales.