Martín Menem salió a bancar a Milei y expuso la feroz interna libertaria

En esta nota te contamos todos los detalles de la guerra silenciosa que se desató en el corazón del poder libertario. Martín Menem rompió el silencio tras el escándalo por la cuenta “@periodistarufus”, negó operaciones contra el Gobierno y dejó al descubierto la pelea que enfrenta a los armadores de Karina Milei con el círculo de Santiago Caputo, en un momento donde el oficialismo intenta blindar la gestión y sostener el rumbo económico.

28-05-2026 - Por Crítica Argentina

La política argentina tiene códigos propios. Los conoce cualquiera que haya pasado una madrugada en los pasillos del Congreso, una cena en Puerto Madero o una rosca eterna en los despachos del primer piso de la Casa Rosada. Y uno de esos códigos dice que las internas no se muestran. Mucho menos cuando el Gobierno todavía pelea contra una estructura política, sindical y mediática que lo quiere ver fracasar desde el primer día.

Por eso hizo ruido lo que pasó este fin de semana en el universo libertario. Porque la pelea dejó de ser un murmullo de pasillo para convertirse en un tiroteo a cielo abierto entre sectores que integran el núcleo más duro del poder de Javier Milei.

En el centro de esa tormenta apareció Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados y hombre de extrema confianza de Karina Milei. El riojano tuvo que salir a apagar un incendio político después de que desde el entorno de Santiago Caputo lo señalaran como supuesto responsable de una cuenta de X utilizada para pegarle a funcionarios nacionales y cuestionar decisiones del Gobierno.

La cuenta en cuestión es “@periodistarufus”. Un perfil que, durante semanas, operó como una usina de mensajes filosos contra integrantes del oficialismo. En cualquier otro espacio político esto habría quedado encapsulado en una operación menor. Pero en La Libertad Avanza la dinámica es distinta: el poder se construyó desde las redes y ahí mismo se libran las guerras.


La pelea que nadie pudo ocultar


La escena fue brutalmente libertaria. Militantes digitales cruzándose entre sí, funcionarios deslizando acusaciones y operadores intentando demostrar quién le habla realmente al Presidente.

Todo escaló cuando Milei tomó como válida la versión que vinculaba a Menem con esa cuenta. Lo hizo públicamente. Y eso detonó la reacción inmediata de la tropa caputista.

Ahí apareció Daniel Parisini, más conocido como “El Gordo Dan”, uno de los soldados mediáticos más influyentes del ecosistema libertario. Parisini acusó directamente a sectores cercanos a Menem de mentirle al Presidente y difundió material para intentar probar que el titular de Diputados estaba detrás de la maniobra.

En ese contexto, el reportaje de Eduardo Feinmann en radio Mitre fue mucho más que una entrevista. Fue un operativo de control de daños.

Menem eligió un tono medido. Sin gritos. Sin romper. Sin dinamitar puentes. Pero dejando varios mensajes internos.

“Siempre surgen diferencias, cualquier tipo de situación se resuelve en el vestuario, adentro”, dijo el riojano, usando un lenguaje que cualquier armador político del AMBA entiende perfecto.

La frase no fue casual. Traducida al idioma de la política real significa una sola cosa: la interna existe, pero no puede transformarse en un espectáculo público porque el costo lo paga el Gobierno.


Rufus, Caputo y la guerra digital


Cuando Feinmann le preguntó directamente si manejaba la cuenta “@periodistarufus”, Menem rechazó la acusación sin rodeos.

“Es una falsedad absoluta”, respondió.

Después explicó que todo habría surgido por un link de Instagram enviado por alguien de su equipo y aprovechado por terceros para instalar la versión.

La explicación puede convencer o no. Pero lo importante pasa por otro lado. Lo que quedó completamente expuesto es la desconfianza interna que atraviesa hoy al oficialismo.

En Balcarce 50 nadie ignora que existen dos terminales de poder muy marcadas. Por un lado, el esquema político-electoral que conduce Karina Milei. Por el otro, el dispositivo de estrategia y comunicación que orbita alrededor de Santiago Caputo.

Ambos sectores convivieron mientras el Gobierno necesitaba apagar incendios económicos y sobrevivir al primer año de gestión. Pero ahora que la inflación empezó a bajar y el oficialismo consiguió ordenar parcialmente la macroeconomía, comenzaron a aparecer las tensiones por el control político del proyecto libertario.

Y ahí entra Menem.

Porque el presidente de Diputados no es un legislador más. Fue uno de los tipos que se bancó el barro parlamentario cuando La Libertad Avanza apenas tenía un puñado de bancas y el kirchnerismo intentaba bloquear cada movimiento del Ejecutivo.

“A mí me encomendaron bloquear intentos desestabilizadores”, recordó durante la entrevista.

No es un dato menor. En el oficialismo consideran que Menem fue clave para sostener leyes centrales como la Ley Bases y la Boleta Única de Papel en un Congreso donde el Gobierno sigue extremadamente lejos del quórum propio.


El poder libertario entra en ebullición


En la Casa Rosada saben que el verdadero desafío ya no es solamente económico. El problema ahora es administrar poder. Y eso, históricamente, destruyó a casi todos los gobiernos argentinos.

Menem intentó mostrarse alineado con Milei durante toda la entrevista.

“Si alguien pensara que yo le miento al Presidente, no me hubiera dado la responsabilidad de conducir Diputados”, afirmó.

También defendió a Luis Caputo, aseguró que “lo peor ya pasó” con la inflación y volvió a respaldar la eliminación de las PASO.

“Me parecen un espanto”, lanzó sobre las primarias abiertas.

En el fondo, el riojano buscó transmitir una idea muy concreta: mientras algunos se entretienen con operaciones de Twitter, él muestra resultados políticos.

Y algo de razón tiene.

Porque más allá de las tensiones internas, el Gobierno logró aprobar reformas que hace apenas un año parecían imposibles para una fuerza con menos de 40 diputados propios.

Claro que la pregunta que sobrevuela ahora es otra: cuánto tiempo podrá convivir este esquema de poder sin que la interna termine explotando de verdad.

En el mileísmo duro todavía creen que la centralidad absoluta de Javier Milei alcanza para disciplinar a todos. Pero la experiencia argentina demuestra que cuando aparecen armadores, cajas, candidaturas futuras y construcción territorial, la política se vuelve infinitamente más salvaje.

Menem lo sabe. Caputo también. Karina Milei, más que nadie.

 

Y mientras el Presidente sigue concentrado en la economía y en su pelea cultural contra el kirchnerismo, abajo suyo el oficialismo ya empezó a disputar otra cosa: quién administra el poder libertario cuando llegue el momento de consolidarlo.