Milei acelera el fin de la visa y deja expuesta la decadencia kirchnerista

El Gobierno de Javier Milei avanza para que los argentinos puedan entrar a Estados Unidos sin visa desde 2027. Detrás del anuncio hay algo mucho más profundo que un trámite migratorio: el regreso de la confianza internacional después de años de populismo, aislamiento y papelones diplomáticos. En esta nota te contamos cómo funciona el sistema ESTA, qué requisitos exige Washington y por qué la Casa Rosada cree que esta vez la Argentina vuelve a jugar en las grandes ligas.

28-05-2026 - Por Crítica Argentina

La escena pasó casi desapercibida entre la espuma diaria de la política argentina, pero en la Rosada la leen como una señal de época. Mientras el kirchnerismo sigue encerrado en la nostalgia setentista, hablando de soberanía con olor a naftalina y defendiendo dictaduras caribeñas, el gobierno de Javier Milei negocia para que los argentinos vuelvan a viajar a Estados Unidos sin pedir permiso humillante en una ventanilla consular.

No es un dato menor. Tampoco una cuestión administrativa. En el mundo real —ese que el peronismo dejó detonado— la posibilidad de ingresar al Programa de Exención de Visa norteamericano funciona como un certificado político. Washington no abre esa puerta a cualquiera. Menos todavía en un contexto global atravesado por terrorismo, narcotráfico, crisis migratorias y controles fronterizos cada vez más duros.

Por eso la definición de la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, cayó fuerte en el ecosistema diplomático y económico. “Nuestra expectativa es que en los primeros meses de 2027 esto ya esté funcionando”, afirmó en LN+ junto a Luis Majul. Y detrás de esa frase hay meses de trabajo silencioso entre áreas de Seguridad, Cancillería, Interior y organismos estadounidenses.

La gestión libertaria entiende algo elemental: los países serios cooperan entre sí. Intercambian información. Compatibilizan sistemas migratorios. Cruzan bases de datos. Construyen confianza. Exactamente lo contrario a lo que hizo durante años el club del helicóptero ideológico que gobernó la Argentina mientras convertía al pasaporte nacional en un símbolo de incertidumbre.


La señal que mira Washington


En los despachos oficiales explican que el ingreso argentino al Visa Waiver Program no depende de discursos grandilocuentes sino de estándares técnicos concretos. Estados Unidos exige trazabilidad documental, seguridad aeroportuaria, control biométrico y cooperación judicial.

Ahí aparece otro dato incómodo para el relato progresista local: la administración republicana norteamericana no estaría avanzando con este proceso si considerara a la Argentina un país desordenado o políticamente imprevisible.

El programa hoy incluye apenas a unos 40 países. Entre ellos figuran Japón, Alemania, Australia, Corea del Sur, España y Chile. Es decir, naciones con sistemas institucionales relativamente sólidos y altos niveles de cooperación internacional.

La Argentina ya supo integrar ese esquema entre 1996 y 2002. Lo perdió después del colapso económico y político de la crisis de 2001. Desde entonces pasaron gobiernos que prefirieron abrazarse a Venezuela, coquetear con Irán o dinamitar vínculos estratégicos con Occidente mientras hablaban de “patria grande” desde hoteles cinco estrellas.

La administración Milei decidió cortar con esa caricatura.

No por romanticismo ideológico. Por pragmatismo.

Porque el mundo funciona así.

Y porque el ciudadano común está harto de pagar las consecuencias de una dirigencia que convirtió al país en una anomalía diplomática.


Cómo funcionará el sistema ESTA


El eventual ingreso argentino al programa no implica barra libre migratoria ni eliminación absoluta de controles. El viajero deberá tramitar previamente la autorización electrónica conocida como ESTA, sigla del Sistema Electrónico para la Autorización de Viaje.

Ese permiso se gestiona online y, según el Departamento de Seguridad Nacional estadounidense, suele aprobarse en pocos minutos.

La autorización habilita viajes de hasta 90 días por turismo o negocios. Incluye vacaciones, reuniones comerciales, visitas familiares, congresos, tratamientos médicos o cursos recreativos breves.

No sirve para estudiar carreras universitarias, trabajar, radicarse ni operar como corresponsal de prensa. Estados Unidos ahí no negocia. Y el gobierno libertario tampoco vende humo respecto de eso.

El solicitante deberá contar además con pasaporte electrónico vigente, chip biométrico y documentación compatible con las normas de seguridad internacional.

Hay restricciones severas para quienes hayan viajado a países considerados de riesgo por Washington, como Irán, Siria, Corea del Norte, Yemen o Cuba en determinados períodos.

En Balcarce 50 reconocen que todavía quedan auditorías y etapas técnicas por superar. Nadie serio promete una implementación automática. Pero también remarcan otro dato político imposible de ignorar: hace apenas dos años esta discusión era directamente impensada.

La Argentina estaba afuera del radar de las potencias.

Hoy vuelve a sentarse a la mesa.


El cambio de clima


En los cafés políticos del AMBA hay una sensación cada vez más extendida. Podrá discutirse la velocidad del ajuste, el impacto social o la dureza del programa económico. Pero incluso muchos críticos admiten algo en voz baja: el gobierno libertario logró reinsertar al país en conversaciones internacionales relevantes.

Eso explica la cercanía con la administración estadounidense, la sintonía con organismos multilaterales y el respaldo que Milei cosecha en sectores financieros que antes directamente evitaban mirar hacia Buenos Aires.

Mientras tanto, del otro lado siguen discutiendo internas de comité, cargos partidarios y liderazgos jubilados.

La política argentina tiene esas ironías brutales.

Los mismos que durante años prometieron “volver al mundo” terminaron aislando al país.

Y el economista al que trataban de loco está consiguiendo que la principal potencia global vuelva a considerar confiable a la Argentina.