Milei le gana mercados a Lula y deja a Brasil afuera de Europa

En esta nota te contamos cómo la Argentina de Javier Milei empezó a torcer una relación comercial histórica dentro del Mercosur y por qué en el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva ya hablan, aunque sea por lo bajo, de una pérdida de competitividad que preocupa a todo el aparato productivo brasileño.

29-05-2026 - Por Crítica Argentina

En esta nota te contamos cómo la Argentina de Javier Milei empezó a torcer una relación comercial histórica dentro del Mercosur y por qué en el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva ya hablan, aunque sea por lo bajo, de una pérdida de competitividad que preocupa a todo el aparato productivo brasileño. Mientras el kirchnerismo local sigue recitando consignas setentistas contra el mercado, los números muestran otra cosa: Europa compra cada vez más productos argentinos y empieza a mirar con desconfianza a Brasil.

La señal más fuerte llegó este martes desde el propio gobierno brasileño. El Departamento de Operaciones de Comercio Exterior (Decex) del Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio confirmó que se agotó completamente la cuota de exportación de arroz del Mercosur hacia la Unión Europea correspondiente a 2026.

¿Quién consumió el cupo? Argentina y Uruguay.

Brasil quedó mirando desde afuera.

Las 6.667 toneladas disponibles para este año fueron utilizadas íntegramente por ambos países vecinos antes de lo previsto. La noticia cayó como una bomba en sectores productivos brasileños que ven cómo la administración libertaria empezó a recuperar mercados perdidos durante años de populismo, cepo y presión fiscal delirante.

Porque de eso se trata el asunto. No es arroz solamente. Es competitividad. Es credibilidad internacional. Es capacidad para producir y vender sin que el Estado te ponga una bota encima de la cabeza.

En el comunicado oficial, el gobierno de Lula reconoció que ya no aceptará nuevas licencias de exportación con preferencia arancelaria porque el contingente quedó agotado. Traducido al castellano político del AMBA: Europa compró todo antes de tiempo y Brasil perdió lugar.

Y eso duele en el Palacio del Planalto.


Europa ya no confía en Brasil


El episodio no cayó del cielo. Viene precedido por otro golpe mucho más delicado para Lula da Silva: la reciente decisión de la Unión Europea de excluir a Brasil de exportaciones de carne y productos animales por incumplimientos sanitarios vinculados al uso de antibióticos y fallas de trazabilidad.

Mientras tanto, Argentina sí recibió autorización para exportar.

Ahí aparece un dato central que el relato progresista intenta esconder: el sistema sanitario argentino, coordinado por el Senasa, logró cumplir estándares europeos que Brasil no pudo garantizar.

No es casualidad.

Durante años, el kirchnerismo convirtió al campo argentino en enemigo político. Retenciones absurdas, burocracia asfixiante, cepos, persecución ideológica y funcionarios que jamás pisaron un lote productivo. Aun así, el sector agroindustrial siguió empujando.

Con la llegada de Milei cambió el clima.

El productor dejó de sentirse un delincuente.

Y los mercados internacionales empezaron a tomar nota.

La Comisión Europea cuestionó específicamente la falta de garantías brasileñas sobre resistencia antimicrobiana y controles sanitarios. En otras palabras: Europa empezó a desconfiar de Brasil como proveedor confiable.

Eso, hace apenas algunos años, parecía impensado.

En los pasillos del comercio exterior argentino nadie oculta la satisfacción. Un empresario cerealero del cordón agroexportador del Gran Rosario lo resumió con una frase brutal: “Brasil se durmió defendiendo relato ideológico y nosotros volvimos a vender”.

No es solamente una chicana. Es una descripción bastante exacta del momento regional.


Caputo muestra resultados


El gobierno libertario encontró además un aliado inesperado: los números.

Este miércoles, el ministro de Economía, Luis Caputo, confirmó que la Argentina agotó en apenas 15 días toda la cuota de exportación de huevos hacia la Unión Europea con arancel cero.

Quince días. No meses. No años de negociaciones eternas. Quince días.

El país también concentró más del 80% del primer cupo de exportación de miel asignado al Mercosur. Ese contingente se agotó en apenas cuatro días por la fuerte demanda europea.

Los datos empiezan a dibujar un patrón.

Europa está demandando productos argentinos porque encuentra calidad, trazabilidad y precios competitivos.

Eso no ocurrió por generación espontánea. Tiene detrás un cambio económico concreto. Menos trabas, menos discrecionalidad y una política exterior enfocada en abrir mercados en lugar de militar foros ideológicos.

Mientras tanto, Lula intenta sostener una estructura industrial gigantesca con más regulación, más gasto público y un discurso regionalista que cada vez seduce menos puertas afuera.

En Buenos Aires, cerca de la Casa Rosada, algunos funcionarios libertarios ya hablan de un “reordenamiento natural” dentro del Mercosur. Nadie lo dirá oficialmente para evitar tensión diplomática, pero el mensaje es clarísimo: la Argentina empezó a recuperar protagonismo.

Y eso altera equilibrios históricos.

Porque durante décadas Brasil fue el socio dominante y Argentina el hermano menor que sobrevivía entre crisis recurrentes, inflación y controles absurdos.

Hoy la foto cambió.

Mientras el gobierno de Milei avanza en apertura económica y acuerdos comerciales, Lula enfrenta cuestionamientos internos por la pérdida de competitividad brasileña y por el deterioro de la confianza externa sobre varios sectores productivos.

El contraste es evidente incluso en la narrativa política.

Acá el Presidente habla de desregulación, libre mercado y competitividad global. En Brasil todavía discuten cuánto Estado hace falta para sostener estructuras que el mundo ya no está dispuesto a financiar.

Y en el medio aparece Europa tomando decisiones.

No discursos.

No relatos.

Resultados.


La pelea real del Mercosur


Lo que está ocurriendo con el arroz, la carne, los huevos y la miel expone algo más profundo: dentro del Mercosur se abrió una competencia silenciosa por quién representa mejor la oferta agroindustrial sudamericana ante el mundo.

Hasta hace poco, Brasil parecía imbatible.

Hoy ya no.

La Argentina volvió a jugar fuerte en mercados internacionales y lo hizo después de un ajuste feroz que el sistema político tradicional aseguraba que iba a destruir toda actividad económica.

Pasó exactamente lo contrario.

El sector exportador reaccionó apenas empezaron a levantarse restricciones.

Eso explica por qué el oficialismo libertario insiste tanto con una idea que irrita al viejo aparato político: el problema argentino nunca fue falta de capacidad productiva, sino exceso de Estado.

Y mientras esa discusión sigue en el barro de la política doméstica, Europa ya tomó nota.