Dólar barato: el crudo informe que sacudió al Gabinete de Javier Milei

El economista Alberto Ades advirtió en Casa Rosada que el dólar atrasado amenaza el plan oficial.

12-10-2026 - Por Crítica Argentina

El consultor Alberto Ades desembarcó en la Casa Rosada convocado de urgencia por Javier Milei para cantarle las cuarenta a los ministros sobre la cotización de la divisa norteamericana. Frente a las caras largas del equipo libertario, el ex Goldman Sachs soltó una bomba matemática incómoda: el valor del billete verde se ubica 29% por debajo del promedio histórico de los últimos veinticinco años. “El nivel actual del tipo de cambio real perforó los 85,2 puntos frente a una media de 120”, disparó sin anestesia técnica. La advertencia resuena en los pasillos oficiales porque la cifra deja al peso más encarecido que en la previa de la crisis cambiaria que detonó la gestión de Mauricio Macri.

En la intimidad ministerial, el especialista no anduvo con rodeos sobre la sangría de competitividad y remarcó la fragilidad del colchón del Banco Central de la República Argentina. Si bien reconoció que la administración no arrastra el déficit comercial ni el descalabro financiero de antaño, desnudó el cuello de botella que quita el sueño en Buenos Aires. “Hoy los flujos están ordenados, pero tenemos un problema severo de stock sin reservas suficientes”, sentenció mientras los funcionarios anotaban con lapicera pesada. El diagnóstico descoloca el relato triunfalista: la falta de divisas líquidas no se soluciona únicamente celebrando planillas de superávit contable si el mercado internacional mantiene la puerta cerrada con candado.

La pizarra cambiaria revive fantasmas conocidos, aunque el pizarrón libertario pretenda ensayar comparaciones forzadas con economías desarrolladas del planeta. Ades trazó paralelismos con las transformaciones estructurales encaradas por Corea del Sur, Israel y Chile, donde una moneda apreciada fue la consecuencia lógica del aumento de productividad y no un ancla forzada. “Los países que funcionan terminan siendo caros en dólares únicamente tras décadas de inversión genuina”, recalcó ante la atenta mirada presidencial. Para el economista, forzar un peso fuerte sin haber concretado las reformas laborales e impositivas de fondo equivale a construir un rascacielos sobre arena movediza.

La rosca del equipo económico baraja tres caminos tácticos para salir de la encerrona cambiaria, aunque ninguno viene libre de costos políticos inmediatos. La primera alternativa exige apretar todavía más las clavijas del gasto público, mientras que la segunda opción implica convalidar una corrección del tipo de cambio nominal. “Una devaluación discrecional corregiría el desfase pero dinamitaría la credibilidad al trasladarse a la inflación”, advirtió el banquero sin tapujos. La tercera vía, atada a ganancias de productividad, seduce el paladar del Gobierno pero demanda un tiempo parlamentario que la urgencia diaria del mercado no concede.

El dilema de hierro para el oficialismo reside en que la herramienta disponible para sostener la estabilidad cambiaria choca contra el calendario proselitista que asoma en Argentina. Para acumular billetes sin prender la máquina de imprimir pesos, la única receta ortodoxa viable exige sobrecumplir el superávit primario justo cuando las provincias reclaman fondos. “El programa juega al tercer camino, pero el instrumento operativo hoy es profundizar el ajuste fiscal”, machacó el consultor en la mesa redonda. Puertas adentro admiten que la meta fiscal semestral acordada con el Fondo Monetario Internacional mostró desvíos milimétricos que obligan a recalibrar la hoja de ruta.

La advertencia final cayó como un baldazo de agua helada sobre las aspiraciones de financiamiento externo barato para apuntalar la transición. En el tablero de Estados Unidos, el costo del dinero se mantendrá elevado por la firmeza de las tasas internacionales, encareciendo cualquier intento de refinanciación de deuda soberana. “Argentina conquistó una credibilidad fiscal inédita, pero la falta de reservas netas puede costar carísimo”, concluyó Ades antes de abandonar Balcarce 50. La advertencia quedó flotando en el aire gubernamental: sin reservas en la bóveda, el ancla cambiaria corre peligro de transformarse en una trampa de difícil escape.

Lo que tenés que saber sobre la advertencia de Ades

 

  • Tipo de cambio real deprimido: Según el reporte presentado ante el Gabinete, el índice cambiario se ubica en 85,2 puntos, muy por debajo del promedio histórico de 120 puntos registrado en el último cuarto de siglo.
  • El dilema de las reservas: Aunque la cuenta corriente arroja un saldo a favor de USD 2.200 millones, persiste un déficit de divisas netas que impide levantar el cepo con holgura.
  • Ajuste o salto discrecional: El informe descarta un salto devaluatorio por su impacto inflacionario inmediato y sugiere redoblar el superávit fiscal para recomprar reservas sin emisión.
  • Apoyo externo condicionado: A pesar de mínimos desvíos en las metas semestrales, el FMI mantiene su respaldo, condicionado a la ejecución de reformas institucionales duraderas.