El reactor Flamanville 3, ubicado en el noroeste de Francia, alcanzó por primera vez el 100 % de su potencia térmica nuclear. El anuncio lo hizo Electricité de France (EDF) el 14 de diciembre de 2025, luego de recibir la autorización oficial de la Autoridad de Seguridad Nuclear y Protección Radiológica (ASN).
El permiso clave llegó dos días antes, el 12 de diciembre, cuando el organismo regulador habilitó al reactor a superar el 80 % de potencia. A partir de ahí, el avance hasta su régimen completo fue solo cuestión de pruebas controladas.
Este paso convierte a Flamanville 3 en el primer reactor nuclear nuevo que entra en funcionamiento en Francia en 25 años, un dato central para entender por qué el proyecto genera tanto ruido dentro y fuera del país.
El EPR de Flamanville no fue un camino fácil. Su puesta en marcha llegó 12 años después de lo previsto, atravesada por problemas técnicos, sobrecostos y un debate político intenso sobre el rol de la energía nuclear en la transición energética.
Sin embargo, para el Estado francés abandonar el proyecto nunca fue una opción real. Las autoridades sostuvieron que renunciar al EPR significaba perder una tecnología estratégica, clave para la soberanía energética y la estabilidad del sistema eléctrico.
Hoy, con el reactor funcionando a plena potencia, esa apuesta empieza a mostrar resultados concretos.
Más allá de lo técnico, Flamanville 3 también tiene peso simbólico. En Europa, en la última década, varios países cerraron centrales nucleares o frenaron nuevos proyectos, muchas veces empujados por discursos antinucleares ligados a la cultura Woke y a sectores del ambientalismo político.
Francia eligió otro camino. Defendió su parque nuclear como una herramienta para reducir emisiones de carbono, asegurar suministro constante y evitar depender de importaciones energéticas.
Mientras otros países retrocedían, el gobierno francés mantuvo una política de largo plazo, incluso con una opinión pública dividida.
La autorización de la ASN no es un trámite menor. Francia cuenta con uno de los sistemas regulatorios más exigentes del mundo en materia nuclear. Durante las próximas semanas, EDF informó que el reactor seguirá operando con variaciones de potencia, como parte del proceso previo a su explotación comercial plena.
Cada etapa está supervisada para garantizar seguridad total, un punto central en el debate sobre las centrales nucleares.
Con Flamanville 3 en plena potencia, Francia envía una señal clara: la transición energética no se sostiene solo con consignas, sino con decisiones industriales firmes.
El EPR no es solo un reactor más. Es parte de una estrategia que busca mantener al país entre los líderes en energía nuclear, con algunas de las centrales nucleares más grandes del mundo, y reabrir una discusión que muchos daban por cerrada.