El gobierno de Javier Milei concretó una de las transformaciones institucionales más profundas desde el retorno de la democracia: la Argentina pasó a tener el Gabinete nacional más reducido de toda Sudamérica, con apenas 9 ministerios, tras una drástica reestructuración del Poder Ejecutivo.
La decisión se ejecutó mediante un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) firmado en las primeras 24 horas de mandato y redujo una estructura que había llegado a 20 ministerios durante la gestión de Alberto Fernández. El recorte posiciona al país en el primer lugar del ranking regional de austeridad institucional, en un contexto de crisis fiscal, déficit estructural y desconfianza social hacia la política.
El contraste regional es contundente. Mientras la Argentina avanza hacia un esquema de Estado más acotado, otros países de la región mantienen estructuras amplias y costosas. Brasil, por ejemplo, supera los 30 ministerios, una arquitectura estatal asociada a altos niveles de gasto público y fragmentación administrativa.
El caso más extremo es Venezuela, que cuenta con 33 ministerios pese a tener una población empobrecida y una economía devastada tras años de estatismo, burocracia y centralización del poder. Un Estado gigante que, según los indicadores sociales y económicos, no logró resolver problemas estructurales básicos.
En ese escenario, el recorte impulsado por Milei busca enviar una señal política clara: menos cargos, menos superposición de funciones y menor peso del aparato estatal sobre la economía real.
Durante la campaña presidencial, Milei fue explícito: reducir ministerios, eliminar privilegios políticos y achicar el gasto público. A diferencia de experiencias anteriores, la promesa se ejecutó de inmediato.
Al asumir, el nuevo Gobierno heredó un Gabinete que había cerrado con 18 ministerios, luego de que la gestión de Alberto Fernández realizara algunas fusiones forzadas tras el fracaso electoral. En su pico máximo, esa administración llegó a tener 20 carteras, incluyendo el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad, una de las estructuras más cuestionadas por su bajo impacto medible.
Con la reforma, la Argentina no solo quedó por debajo de Uruguay y Bolivia —ambos con 14 ministerios— sino que alcanzó su nivel más bajo de carteras desde 1999.
El antecedente más cercano a un Gabinete reducido se remonta al final del gobierno de Carlos Menem, que concluyó su presidencia con 8 ministerios, en un contexto donde la Constitución Nacional, antes de la reforma de 1994, establecía un tope máximo de carteras.
Tras esa reforma, la cantidad de ministerios comenzó a crecer de manera sostenida:
Fernando de la Rúa inició su gestión con 10 ministerios y amplió la estructura en 2001.
Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner mantuvieron esquemas similares.
Cristina Fernández de Kirchner elevó el número a 15 en su primer mandato y a 16 en el segundo, incorporando carteras con funciones superpuestas y fuerte impronta ideológica.
Mauricio Macri alcanzó un récord histórico de 21 ministerios, la cifra más alta desde 1983, aunque redujo el esquema hacia el final de su gestión.
Alberto Fernández volvió a expandir el Estado hasta 20 ministerios, cerrando con 18.
9 ministerios: la menor cantidad en toda Sudamérica
Implementado por DNU en las primeras 24 horas de gestión
Nivel más bajo desde 1999
Señal directa de austeridad institucional y recorte del gasto político
Quiebre con décadas de expansión del Estado nacional
La sostenibilidad y el impacto real de esta reestructuración dependerán de la capacidad del Gobierno para traducir el achicamiento del Gabinete en reducción efectiva del gasto, mayor eficiencia administrativa y mejoras concretas en la gestión pública. Por ahora, el mensaje político ya fue enviado.