Durante años se habló de su posible regreso al poder. Muchos lo daban por desaparecido. Otros lo veían como una pieza clave del futuro político del país. Pero esta semana, una noticia sacudió otra vez a Libia y abrió más preguntas que respuestas: Saif al-Islam Gaddafi murió en circunstancias todavía confusas. ¿Quién lo mató y qué impacto puede tener su muerte?
Saif al-Islam Gaddafi, hijo del exlíder libio Muammar Gadaffi, murió este martes a los 53 años en la ciudad de Zintan, al oeste de Libia. La información fue confirmada por su abogado y su asesor, aunque hasta ahora no hubo un comunicado oficial del Estado libio.
Según medios locales y la Agencia de Noticias de Libia, fue asesinado en su residencia por un grupo armado integrado por cuatro personas que aún no fueron identificadas. Un dato clave que investiga la Justicia es que las cámaras de seguridad del lugar estaban desactivadas, lo que hace pensar en un ataque planificado.
La Fiscalía General anunció la apertura de una investigación para determinar quiénes fueron los responsables y cuál fue el motivo del crimen. En paralelo, surgieron versiones contradictorias: una hermana de Saif aseguró que murió cerca de la frontera con Argelia, lo que suma más incertidumbre al caso.
En un país atravesado por la presencia de milicias armadas, la 444ª Brigada de Combate negó de forma “categórica” cualquier participación en el hecho.
Desde la caída y muerte de Muammar Gadaffi en 2011, Libia sigue dividida. El territorio está controlado por gobiernos rivales en el este y el oeste, cada uno con apoyo de distintos grupos armados y actores extranjeros. En ese contexto, los asesinatos políticos y los ataques selectivos no son hechos aislados.
La muerte de Saif al-Islam Gaddafi vuelve a mostrar el nivel de fragilidad institucional y la falta de seguridad que atraviesa el país.
Nacido en 1972, Saif al-Islam Gaddafi fue durante años el hijo más visible de Muammar Gadaffi y el principal candidato a heredar el poder. Aunque no tenía un cargo formal, fue una figura central del régimen, sobre todo desde el año 2000.
Participó en negociaciones clave con Occidente, impulsó el abandono del programa nuclear libio y ayudó a levantar sanciones internacionales. Para algunos, era un reformista. Para otros, solo la continuidad del régimen.
Tras la revuelta de 2011, fue acusado de participar en la represión contra manifestantes. Pasó casi seis años detenido por una milicia en Zintan y fue reclamado por la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad. Nunca fue extraditado.
En 2017 quedó en libertad por una ley de amnistía y en 2021 intentó volver a la política como candidato presidencial, aunque las elecciones nunca se concretaron.
La muerte de Saif al-Islam Gaddafi no es solo un hecho policial. Ocurre en medio de un equilibrio muy frágil entre facciones rivales y podría reordenar alianzas dentro de Libia. Mientras la investigación avanza, el país vuelve a quedar atrapado en la misma pregunta de siempre: quién manda realmente y hasta cuándo seguirá la violencia.