¿Por qué Marco Lavagna dejó el Indec justo cuando el Gobierno festejaba la baja de la inflación? Esa es la pregunta que empezó a correr fuerte en la Casa Rosada y en el mercado. La respuesta no es simple y abre un conflicto que mezcla internas políticas, errores de gestión y desconfianza en los números oficiales.
La renuncia del titular del Indec no cayó del cielo. En el Gobierno primero agitaron el fantasma de Sergio Massa para explicar el escándalo, pero puertas adentro también apuntan contra Luis Caputo, a quien le reprochan no haber controlado una crisis que terminó explotando.
En Balcarce 50 creen que Sergio Massa empujó una jugada para dañar al Ejecutivo usando a su ex economista de confianza. Marco Lavagna fue parte del Frente Renovador durante años y, para los libertarios, esos vínculos nunca se cortaron del todo. Desde el massismo lo niegan y recuerdan que el diálogo se rompió cuando cuestionaron públicamente las mediciones oficiales que evitaban mostrar recesión.
Pero más allá de las sospechas políticas, hubo un problema concreto: el nuevo índice de inflación. Fuentes oficiales confirman que Javier Milei venía discutiendo con Marco Lavagna desde hacía meses sobre cuándo lanzar el nuevo método de medición. El Presidente le pidió esperar hasta que terminara el reacomodamiento de tarifas.
El motivo era claro. Con subas fuertes en luz y gas por encima de la inflación, un índice que le diera más peso a los servicios iba a empujar el IPC hacia arriba. Eso chocaba de frente con el relato oficial de desaceleración inflacionaria.
Lavagna no esperó. Anunció que desde febrero se publicaría la inflación con el nuevo método. La discusión no era nueva: el índice estaba listo desde la gestión de Sergio Massa, pero nunca se aplicó porque en las pruebas siempre daba más alto.
Ahí aparece la otra figura clave: Luis Caputo. En el oficialismo reconocen que el ministro de Economía falló al no contener el conflicto. “Toto dejó el tema suelto”, repiten cerca del poder. El resultado fue grave: se dañó la credibilidad de las estadísticas y se alimentó la sospecha de que la baja de la inflación está exagerada.
El mercado reaccionó mal. Subió el riesgo país y cayeron los activos argentinos, sobre todo los bonos que ajustan por CER, que dependen directamente del IPC.
En las últimas horas, en la Rosada sumaron otro argumento: aseguran que la nueva ponderación de servicios estaba mal calculada y sobredimensionada. Esa acusación le sirvió al Gobierno para descartar un índice que mostraba una inflación por encima del 3%.
Sin embargo, dentro del propio oficialismo hay una lectura más simple y menos conspirativa: Marco Lavagna se fue cuando el cargo ya le resultaba incómodo y antes de quedar pegado a una pelea que lo iba a desgastar.
“Esto es Lavagna puro: esperar el momento justo para irse como un héroe”, resumió un funcionario con años de experiencia. Una salida prolija, en medio del ruido, que deja una pregunta abierta: ¿quién paga ahora el costo de la desconfianza en los números?