Macri salió a cruzar a Menem y volvió a buscar protagonismo

El expresidente Mauricio Macri reapareció en la Ciudad de Buenos Aires con una frase filosa contra Martín Menem y una señal inequívoca hacia la Casa Rosada. Mientras intenta sacar al PRO del letargo, evita romper con Javier Milei y apunta todos los cañones contra el kirchnerismo y Axel Kicillof. En esta nota te contamos la trama política detrás de una jugada que expone nervios, pases de factura y una pelea por liderazgo dentro del nuevo mapa opositor.

22-05-2026 - Por Crítica Argentina

El salón de la Universidad Austral tenía aroma a campaña, aunque nadie se animara a admitirlo en voz alta. Mucho traje azul, asesores caminando rápido con el teléfono pegado a la oreja y dirigentes del PRO tratando de convencer al ecosistema político de que todavía tienen algo para decir. En ese clima reapareció Mauricio Macri, un animal político que podrá estar desgastado, pero que jamás se resignó a mirar el poder desde la platea.

El expresidente llegó al Foro de Presidentes rodeado de colaboradores, saludó con esa mezcla de CEO y viejo zorro de la política porteña y, antes de entrar al auditorio, dejó una frase que sonó a misil directo contra sectores de La Libertad Avanza. “Preguntale a Cristina si favorecimos mucho al kirchnerismo en estos años”, disparó, cuando le preguntaron por las declaraciones de Martín Menem, quien había dicho que una eventual candidatura suya podría terminar beneficiando al kirchnerismo.

La respuesta no fue casual. Tampoco improvisada. En el macrismo vienen masticando bronca desde hace semanas por algunas operaciones libertarias destinadas a correrlos del tablero. En el PRO sienten que después de haber bancado buena parte de las reformas de Javier Milei en el Congreso, algunos dirigentes violetas les pagan con destrato y ninguneo.

En privado, varios amarillos hablan de “ingratitud política”. Otros son más brutales y directamente describen a ciertos armadores libertarios como pibes sin experiencia que creen que la política empezó el día que Milei ganó el ballotage.

Pero Macri sabe algo que muchos en el oficialismo todavía no terminan de entender: sin una porción importante de estructura territorial del PRO, especialmente en la Provincia de Buenos Aires, la pelea contra el peronismo se vuelve mucho más compleja. Y ahí aparece el verdadero trasfondo de esta tensión.


El PRO busca no desaparecer


La gira “Próximo Paso” no es una recorrida inocente. Es un operativo de supervivencia. Después del tsunami libertario de 2023, el partido amarillo quedó al borde de convertirse en una marca vacía, sin épica y sin discurso propio. Muchos dirigentes directamente saltaron al mileísmo. Otros se quedaron esperando instrucciones, como empleados públicos el día después de una elección perdida.

Macri intenta evitar eso. Quiere reposicionar al PRO como una fuerza aliada del Gobierno, pero con identidad propia. Un equilibrio delicado. Porque si rompe con Milei, corre el riesgo de quedar pegado a la vieja política. Pero si se entrega totalmente, desaparece.

Por eso en cada aparición pública manda señales calculadas. Acompaña el rumbo económico, reivindica el ajuste y habla de “cuidar el cambio”, aunque también marca diferencias para recordarle a la Rosada que todavía tiene volumen político.

En Vicente López ya había ensayado ese libreto. Allí habló del “correcto versus políticamente correcto” y lanzó otra frase que cayó bien en la tribuna libertaria: “Lo políticamente correcto es una estafa”.

No fue casualidad. Macri entiende que buena parte de la sociedad argentina está harta del discurso progresista, de la corrección impostada y de la liturgia berreta del Estado presente. Milei leyó antes que nadie ese humor social. El fundador del PRO ahora intenta no quedar afuera de esa conversación.

Mientras tanto, el verdadero blanco opositor sigue siendo Axel Kicillof. El gobernador bonaerense aparece cada vez más consolidado dentro del peronismo, aunque también carga con una mochila pesada: inseguridad, crisis educativa, presión impositiva y una provincia detonada financieramente.

Macri lo dijo sin anestesia. “Me da mucha lástima por el peronismo que Kicillof sea su candidato estrella”. En el entorno del expresidente creen que el gobernador representa la síntesis del fracaso económico kirchnerista.

Y en algo coinciden plenamente con Milei: la batalla decisiva de 2027 se juega en territorio bonaerense.


La pelea por el liderazgo


El dato político más interesante no estuvo arriba del escenario, donde compartió actividad con Julio María Sanguinetti y Felipe González. La verdadera historia pasó en los pasillos.

Ahí se habló de candidaturas, armados y listas. También del fastidio creciente que generan algunas figuras libertarias que creen que pueden jubilar al PRO antes de tiempo.

En el macrismo repiten una idea: Milei mantiene alta popularidad, pero necesita gestión, estructura y gobernabilidad. Y consideran que buena parte de esa ingeniería todavía la aportan ellos.

La presencia de Sanguinetti también dejó tela para cortar. El uruguayo viene siendo muy crítico del Presidente argentino desde la campaña de 2023. Llegó a decir que Milei era “imprevisible” y hasta cuestionó sus posiciones internacionales con una frase que todavía recuerdan en Balcarce 50: “Ni borracho alguien puede decir tamañas cosas”.

Sin embargo, el tiempo le jugó una mala pasada al veterano dirigente uruguayo. Porque mientras muchos analistas pronosticaban caos absoluto, el Gobierno libertario logró bajar la inflación y recuperar parte de la estabilidad macroeconómica.

Del otro lado estuvo Felipe González, mucho más elogioso con el fenómeno libertario. El español entendió algo que gran parte de la política tradicional todavía no procesa: Milei conectó con una sociedad agotada de privilegios, inflación eterna y relato estatal.

Cuando dijo que el Presidente “se hizo cargo del estado de ánimo de una sociedad harta”, sintetizó mejor que muchos consultores argentinos el momento político actual.

Macri observa todo eso con atención. Sabe que Milei hoy conduce el proceso político. Pero también sabe que el poder cambia rápido en Argentina y que nadie sobrevive mucho tiempo si se encierra en una secta.

Por eso seguirá recorriendo el país. Este viernes estará en Mendoza. Después vendrán reuniones legislativas, actos en Entre Ríos y fotos con gobernadores como Rogelio Frigerio y Maximiliano Pullaro.

La señal es clara. El PRO no quiere romper. Pero tampoco piensa regalarse.

Y mientras tanto, en el peronismo miran la escena desde la tribuna, esperando que oficialistas y aliados se despedacen entre ellos. El problema para el kirchnerismo es que, hasta ahora, la sociedad sigue mucho más enojada con ellos que con Milei.