Milei sigue arriba y el PRO entra en pánico electoral

La encuesta de Zuban Córdoba dejó una certeza incómoda para la vieja política: aun con desgaste y operaciones permanentes, Javier Milei sigue siendo el dirigente con mayor voto duro de la centroderecha. Mientras tanto, Mauricio Macri intenta volver al centro de la escena y Patricia Bullrich juega a dos puntas dentro del oficialismo y el PRO. En esta nota, todos los números y la guerra silenciosa que ya arrancó rumbo a 2027.

22-05-2026 - Por Crítica Argentina

La política argentina tiene algo de cruel y bastante de cementerio de vanidades. Ayer el establishment le armaba almuerzos a un dirigente y hoy le suelta la mano sin pudor. Esa lógica del “círculo rojo”, que primero combatió a Javier Milei y después se quiso sacar selfies con él en Puerto Madero, ahora empieza a mostrar síntomas de ansiedad. No porque el Gobierno esté acabado. Todo lo contrario. El problema para muchos factores de poder es que el Presidente sigue parado.

Y eso, en un país acostumbrado a los oficialismos de utilería, molesta.

La encuesta de la consultora Zuban Córdoba, realizada entre el 25 de abril y el 1 de mayo sobre 2.000 casos nacionales, expuso algo que en los pasillos del poder ya comentan en voz baja: la centroderecha argentina todavía gira alrededor de Milei, incluso cuando algunos operadores intentan instalar un “post mileísmo” prematuro.

El dato más sólido del estudio es el núcleo duro. Ahí el libertario conserva el liderazgo. Según el sondeo, el mandatario alcanza un 18,7% de “seguro lo votaría”. Atrás aparece Patricia Bullrich con 14,3% y mucho más lejos Mauricio Macri, con apenas 9,9%.

No es un detalle menor. El voto duro es el combustible real del poder político. El resto puede fluctuar según la economía, el humor social o el precio del dólar. Pero el núcleo convencido es lo que sostiene a un dirigente cuando arrecian las operaciones, las tapas catástrofe y los editoriales apocalípticos.

Y Milei todavía lo tiene.


Macri perdió centralidad


En el PRO hay un problema que ya ni se esfuerzan en esconder. El partido amarillo dejó de ser el ordenador natural de la oposición. La irrupción libertaria les rompió el tablero y los dejó discutiendo supervivencia.

Macri intenta recuperar protagonismo con apariciones medidas, reuniones reservadas y mensajes ambiguos contra la Casa Rosada. Pero el ex presidente arrastra un desgaste feroz. En la calle ya no genera expectativa. Genera recuerdo. Y en política, vivir de la nostalgia suele ser el primer paso hacia la irrelevancia.

El estudio muestra que el fundador del PRO tiene un techo electoral limitado. Sumando el “seguro lo votaría” y el “probablemente lo votaría”, llega al 30%. Queda debajo de Bullrich y también de Milei.

Eso explica por qué muchos intendentes amarillos del conurbano ya empezaron a mirar con simpatía el violeta libertario. Nadie quiere quedarse del lado perdedor cuando la lapicera empieza a repartirse.

En paralelo, la ministra de Seguridad juega su propio partido. Bullrich logró algo que hace un año parecía imposible: conservar identidad PRO mientras gana espacio dentro del Gobierno libertario. La ex candidata presidencial aparece hoy como un puente entre ambos universos.

De hecho, cuando el sondeo suma voto seguro y probable, Bullrich queda primera con 32%, apenas por encima del Presidente, que registra 31,4%.

Pero hay una diferencia política importante. Bullrich crece porque Milei gobierna. No al revés.

La ministra capitaliza orden, confrontación y respaldo oficial. Su imagen está atada al éxito del plan libertario. Si la economía consolida recuperación, ella se fortalece. Si el Gobierno fracasa, el daño también le pega de lleno.


El rechazo que inquieta


Ahora bien, la encuesta también deja una advertencia seria para la Casa Rosada. El Presidente lidera el rechazo entre los tres dirigentes medidos.

El 57,2% respondió que “nunca lo votaría”. Macri quedó en 56,8% y Bullrich en 56,4%.

Es un fenómeno lógico para una figura disruptiva. Milei no construyó poder acariciando corporaciones. Lo hizo pateando privilegios, ajustando cajas políticas y diciéndole en la cara a sindicatos, empresarios prebendarios y operadores mediáticos que el modelo anterior fundió a la Argentina.

Eso genera adhesión intensa y rechazo igual de intenso.

En Balcarce 50 saben leer ese dato. Por eso el Gobierno endurece el discurso. Ya no busca enamorar al progresismo desencantado ni seducir al panelismo porteño. La estrategia libertaria apunta a consolidar identidad, blindar a los propios y ampliar sobre sectores productivos que antes votaban resignados.

Hay además otra lectura política detrás del estudio de Zuban Córdoba. El relevamiento refleja que, pese al ruido interno, La Libertad Avanza sigue ocupando el centro de gravedad de la centroderecha argentina.

Ni Macri logró recuperar el liderazgo perdido. Ni el PRO pudo reconstruirse como alternativa autónoma. Y Bullrich, aun creciendo, depende directamente del éxito oficialista.

Por eso muchos dirigentes amarillos empiezan a sincerarse en privado. Saben que sin Milei no hay futuro competitivo para ese espacio. Y también entienden que enfrentarlo frontalmente sería un suicidio político.

Mientras tanto, el Presidente avanza con una lógica brutalmente simple: ajuste, baja de inflación y demolición del viejo sistema. Podrá gustar o no. Pero hoy sigue marcando la agenda.

 

Y eso, en política, vale más que cualquier encuesta.