Una filtración internacional expuso una presunta red de operaciones de desinformación vinculada al gobierno de Vladimir Putin que habría actuado en Argentina desde los primeros meses de gestión de Javier Milei.
El informe, elaborado por un consorcio de siete medios —entre ellos The Continent y openDemocracy— se basa en 76 documentos filtrados que describen maniobras de influencia política y propagación de noticias falsas.
Según la investigación, las operaciones comenzaron tras la asunción presidencial de diciembre de 2023, en un contexto marcado por la alineación internacional del Gobierno argentino con Estados Unidos y su respaldo a Ucrania en el conflicto con Rusia.
Los documentos señalan la actuación de una estructura denominada “La Compañía”, presuntamente ligada a servicios de inteligencia exterior rusos.
Durante 2024, esta organización habría desplegado acciones en más de 20 países de África y América del Sur, con Argentina como uno de los principales objetivos. El propósito: aprovechar la polarización política interna para amplificar tensiones.
Entre las actividades detectadas se incluyen:
Sin embargo, el eje central fue la creación de una red de difusión de noticias falsas.
La investigación identificó al menos 250 publicaciones difundidas entre junio y octubre de 2024 en más de 20 sitios digitales.
El esquema incluía:
Los contenidos apuntaban principalmente a cuestionar:
En varios casos, los artículos —sin firma— aparecieron en medios reconocidos del país, con posiciones favorables a Rusia y críticas a Estados Unidos, además de incluir distorsiones y desinformación.
No obstante, el propio informe advierte que no se pudo confirmar si los pagos se concretaron ni quiénes fueron los destinatarios, lo que deja zonas grises clave en la investigación.
El especialista en medios Martín Becerra vinculó estas prácticas con una estrategia más amplia del Kremlin.
Según explicó, estructuras como el Wagner Group responden a una lógica de “generar caos y desorden” para debilitar la credibilidad de instituciones, medios y periodistas.
El objetivo final, sostuvo, es claro: “pescar en río revuelto” en escenarios de alta conflictividad política.