En las últimas dos décadas, Argentina atraviesa un cambio poblacional que ya es evidente: la tasa de natalidad cayó a niveles históricos. Los números del INDEC muestran que pasamos de 19 nacimientos cada mil habitantes en el 2000 a apenas 9,9 en 2023. Es una baja muy marcada y confirma una tendencia clara: nacen menos chicos y la población envejece.
Esta caída se nota también dentro de los hogares. En 1991, más de la mitad de las familias argentinas tenía por lo menos un menor de 18 años. Para 2022, ese porcentaje bajó al 45%. Y lo que muestran los últimos datos es aún más fuerte: incluso entre quienes sí tienen hijos, cada vez hay menos hermanos. En el 43% de esos hogares vive un solo menor.

Las proyecciones oficiales indican que en 2025 todas las provincias estarán por debajo del nivel de reemplazo generacional: 2,1 hijos por mujer. Ese número es clave porque marca el límite mínimo para que una población se mantenga estable sin depender de la inmigración.
Caer por debajo de ese punto implica un escenario que ya viven muchos países desarrollados: sociedades cada vez más envejecidas, menos nacimientos y nuevos desafíos para sistemas económicos y sociales que fueron diseñados para otra realidad. Si la tendencia continúa, Argentina va hacia ese modelo.
El informe del INDEC también suma otro dato importante para entender el panorama: cómo mueren los chicos y adolescentes, y por qué esas causas cambian según la edad.
Entre los menores de 4 años, los fallecimientos se deben sobre todo a complicaciones perinatales, es decir, problemas relacionados con el embarazo, el parto o las primeras semanas de vida.
En el grupo de 5 a 14 años, la principal causa son los tumores malignos.
En la adolescencia, entre los 15 y 19, uno de cada cinco muere por accidentes.
Cada etapa tiene riesgos distintos y eso obliga a pensar políticas públicas específicas, no solo en salud sino también en prevención y acompañamiento.
Con menos nacimientos, menos chicos por hogar y causas de mortalidad que cambian según la edad, el país queda frente a un nuevo mapa demográfico. Si no se revierten estas tendencias, habrá impactos en la economía, el mercado laboral y el sistema previsional.
La tasa de natalidad ya no es solo un número del INDEC: es una señal de hacia dónde va Argentina y qué decisiones harán falta para sostener el futuro.