El Gobierno de Javier Milei avanza en una revisión profunda del reactor nuclear CAREM 25, una de las iniciativas más emblemáticas —y discutidas— de la política tecnológica argentina.
La crítica central no apunta contra el desarrollo nuclear en sí, sino contra la gestión del proyecto durante más de 40 años, marcada por decisiones sin validación técnica ni económica.
En una columna pública, el secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Napoli, fue directo: el CAREM, tal como fue concebido, no cumple con criterios básicos de eficiencia, viabilidad económica ni validación técnica.
El CAREM 25 fue durante décadas presentado como símbolo de soberanía tecnológica. Sin embargo, el diagnóstico oficial actual es contundente: se priorizó la innovación sin etapas intermedias de validación.
El reactor incorporó múltiples desarrollos simultáneos:
En el sector nuclear, donde la previsibilidad es clave, esta acumulación de innovaciones sin pruebas independientes elevó el riesgo técnico.
Además, según el análisis oficial, el proyecto presenta un problema estructural: nunca alcanzó un nivel de desarrollo confiable.
Uno de los puntos más críticos es el económico. El CAREM 25 tiene una potencia de apenas 25 MW, pero enfrenta costos comparables a centrales mucho más grandes.
Esto genera un impacto directo:
El dato clave: el proyecto nunca tuvo validación de mercado. Ninguna provincia, empresa o actor energético mostró interés en adquirir su energía.
Un informe de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) en 2024 marcó un quiebre en la evaluación del proyecto.
Los especialistas detectaron problemas críticos:
El punto más sensible: no se podía garantizar el funcionamiento seguro del reactor.
Este diagnóstico técnico terminó de consolidar la decisión política de revisar el programa.
Desde la Casa Rosada sostienen que el objetivo no es abandonar el desarrollo nuclear, sino reordenarlo bajo criterios de eficiencia y mercado.
La nueva estrategia incluye:
En este contexto, el CAREM deja de ser un emblema intocable para transformarse en un caso testigo de gestión estatal sin resultados.
Pese a las críticas, el Gobierno no descarta reutilizar los recursos generados:
La clave será reconvertir esas capacidades en proyectos con valor económico real.
Sin embargo, hay un dato que aún no tiene definición oficial: qué ocurrirá concretamente con la obra en curso y los plazos del proyecto.