El economista Antonio Aracre encendió el debate político y económico al afirmar que las denuncias por presunto enriquecimiento ilícito contra el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, están desviando la atención de los temas estructurales que busca instalar el Gobierno de Javier Milei.
En declaraciones realizadas a Infobae en Vivo, Aracre sostuvo que la polémica alrededor de Adorni terminó eclipsando anuncios que el oficialismo considera estratégicos para el futuro económico del país, entre ellos el denominado Super Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (Super RIGI).
“Creo que el problema con Adorni es que te quita espacio en la agenda pública”, planteó el economista, quien remarcó que el proyecto de inversiones era “probablemente el más importante en materia económica de este gobierno”.
Según su visión, la discusión mediática se concentró en denuncias sobre presuntos sobresueldos y acusaciones vinculadas al funcionario, relegando el análisis de medidas económicas de largo plazo.
Durante la entrevista, Aracre evitó condenar anticipadamente al funcionario nacional y sostuvo que corresponde respetar el principio de presunción de inocencia.
“Si se confirmara, el presidente tomará las medidas que tiene que tomar”, afirmó en referencia a una eventual comprobación judicial de enriquecimiento ilícito.
El economista explicó que, aun cuando la carga de la prueba recaiga sobre el acusado, es necesario esperar explicaciones y pruebas concretas antes de sacar conclusiones políticas definitivas.
Hasta el momento, no hubo una resolución judicial sobre las acusaciones mencionadas durante el reportaje y tampoco se difundieron precisiones oficiales adicionales sobre la situación patrimonial de Adorni.
La discusión pública se da en un contexto donde el Gobierno busca sostener el eje de la baja inflacionaria como principal bandera económica de gestión.
Aracre destacó que uno de los pilares centrales del contrato electoral de Javier Milei fue la desaceleración de la inflación y consideró especialmente relevante la evolución del precio de los alimentos.
“Es muy importante, especialmente el 1,5% de alimentos, que es el indicador más relevante para entender la evolución de la pobreza y la indigencia”, señaló.
Según explicó, cuando los alimentos aumentan menos que la inflación general, existe mayor posibilidad de reducir los índices de pobreza e indigencia de forma más rápida.
El economista también recordó el impacto que tuvo la incertidumbre política y financiera tras las elecciones en la provincia de Buenos Aires. Allí describió un “pánico de mercado” que derivó en dolarización de carteras y una fuerte presión cambiaria.
En ese contexto, señaló que el dólar pasó de 1.200 a 1.500 pesos, mientras que las tasas de interés cercanas al 100% nominal anual generaron una fuerte desaceleración económica entre diciembre y febrero.
“Recién en marzo empezó a notarse un cambio”, aseguró.
Respecto a las perspectivas económicas para lo que resta del año, Aracre sostuvo que alcanzar una inflación cercana al 1% mensual sería “un supergolazo” para la administración libertaria.
No obstante, aclaró que no cree posible llegar a niveles del 0,9% mensual en el corto plazo.
El economista también pronosticó una mejora gradual del crédito y del consumo en la segunda mitad del año gracias a la reducción de la mora y cierta estabilización macroeconómica.
“La foto a fin de año va a ser mucho mejor a la que tenemos al 31 de marzo”, anticipó.
En paralelo, consideró que la situación social muestra realidades diferentes según el sector económico.
Para Aracre, los sectores de menores ingresos lograron cierta mejora gracias a políticas de asistencia directa como la AUH y la Tarjeta Alimentar.
“Cuando el dinero social del Estado llega directamente a la gente hay una eficientización del proceso”, sostuvo.
En cambio, consideró que la clase media-baja fue uno de los segmentos más golpeados por la quita de subsidios y los aumentos de tarifas y transporte.
También cuestionó la posibilidad de establecer techos salariales en las negociaciones paritarias.
“No pondría un techo en la negociación. No me parece una buena forma de controlar la inflación”, concluyó.