Arranquemos con una pregunta que incomoda y despierta curiosidad: ¿por qué la Argentina terminó prestándole millones de dólares a un emperador africano que decía ser Napoleón y nunca devolvió un centavo? La respuesta mezcla política exterior, peronismo, decisiones económicas de los años 70 y uno de los dictadores más excéntricos del siglo XX.
La historia tiene un protagonista central: Jean-Bédel Bokassa, líder de la República Centroafricana. Su régimen quedó en la memoria mundial por el lujo desmedido, la violencia extrema y un delirio personal sin precedentes. Pero también dejó una marca directa en la economía argentina, a través de un préstamo millonario que aún hoy figura como deuda impaga.
Bokassa llegó al poder en 1966 mediante un golpe de Estado. Había sido formado militarmente en Francia, país al que admiraba, y desarrolló una obsesión total con Napoleón Bonaparte. Esa fascinación no fue simbólica: el 4 de diciembre de 1976 disolvió la república y se autoproclamó emperador del nuevo Imperio Centroafricano, bajo el nombre de Bokassa I.
Un año después, en 1977, organizó su coronación en Bangui. Fue una copia casi exacta de la ceremonia de Napoleón en 1804. El evento costó unos 20 millones de dólares de la época, cerca del 20% del PBI del país. Hubo tronos de oro, coronas con diamantes, carruajes, caballos europeos y banquetes lujosos, mientras la mayoría de la población vivía sin hospitales, escuelas ni servicios básicos.
El régimen combinó ese lujo con una represión brutal. Bokassa tuvo 17 esposas, más de 50 hijos y fue acusado de torturas, asesinatos y hasta canibalismo. En 1979, tras masacres contra estudiantes y un aislamiento internacional total, fue derrocado. El imperio duró apenas tres años.
En ese escenario aparece la Argentina. Entre 1973 y 1974, durante gobiernos del peronismo, el Estado argentino otorgó un préstamo al régimen de Bokassa. La operación fue impulsada por José Ber Gelbard, ministro de Economía de Héctor Cámpora y Juan Domingo Perón. El objetivo era fomentar exportaciones argentinas: se prestaba dinero para que la República Centroafricana comprara productos nacionales.
El monto inicial fue de unos 10 millones de dólares. El problema llegó después. Con la caída de Bokassa, el país africano nunca pagó ni capital ni intereses. La deuda quedó en mora y, con el paso de los años, se actualizó hasta rondar los 44 millones de dólares.
Así, una decisión económica del peronismo terminó uniendo a la Argentina con uno de los dictadores más delirantes de la historia. El resultado fue simple y contundente: una deuda incobrable, un préstamo estatal perdido y un episodio tan real como insólito de la política internacional argentina.