Arrancó como una cumbre de urgencia y terminó dejando más preguntas que respuestas. ¿Por qué la CELAC no pudo emitir una postura común? ¿Qué rol jugó Argentina? Y, sobre todo, ¿qué dice este fracaso sobre el nuevo mapa político de América Latina? En esta nota te lo explicamos fácil y en orden.
La reunión de urgencia de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), convocada por el presidente colombiano Gustavo Petro, terminó este domingo en un claro fracaso político. El objetivo central era lograr una condena conjunta a la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos. Pero el consenso nunca llegó.
El motivo fue simple: la región está partida. Argentina encabezó un bloque de diez países que rechazaron la iniciativa impulsada por Petro, con el respaldo de Lula da Silva y Claudia Sheinbaum. Sin unanimidad, la CELAC no pudo emitir ningún comunicado oficial. El resultado dejó al descubierto una fractura política profunda en América Latina.
El rol argentino fue clave. El canciller Pablo Quirno, siguiendo instrucciones del presidente Javier Milei, articuló una posición firme junto a Paraguay, Perú, Bolivia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Panamá, República Dominicana y Trinidad y Tobago. Incluso, varios de estos países enviaron representantes de bajo rango diplomático, una señal política clara de desacuerdo con el tono de la convocatoria.
Para el sector que impulsó la reunión, la detención de Maduro y de su esposa —hoy presos en Nueva York por cargos ligados al narcoterrorismo— fue una intervención militar inaceptable. Para el bloque liderado por Argentina, en cambio, se trató de una acción contra un régimen acusado de violaciones sistemáticas a los derechos humanos.
Antes del encuentro, Colombia, Brasil, Chile, México, Uruguay y España habían difundido un comunicado crítico contra el operativo del entonces presidente estadounidense Donald Trump. Del otro lado, los países que bloquearon la condena trabajan ahora en un texto propio para respaldar la detención y remarcar el carácter dictatorial del régimen venezolano.
Para entender esta división, sirve una comparación sencilla. En las playas argentinas, las banderas y los guardavidas usan un código internacional: rojo es peligro, verde es seguro. Nadie discute ese sistema porque salva vidas. En la política regional, hoy pasa lo contrario: algunos países ven “rojo” donde otros ven “verde”. No hay acuerdo ni siquiera sobre las reglas básicas.
La grieta también se vio en otros países. En Chile, el presidente Gabriel Boric criticó a Washington, mientras que su sucesor electo, José Antonio Kast, celebró la captura de Maduro. En Honduras, Xiomara Castro cuestionó el operativo, pero el espacio político de su reemplazante lo apoyó abiertamente.
Lo que dejó esta reunión de la CELAC es un mensaje claro: América Latina ya no actúa como un bloque uniforme. Con Argentina a la cabeza, un nuevo eje regional empieza a marcar límites más duros frente a las dictaduras y a viejas alianzas ideológicas que, para muchos, ya no representan a la mayoría.