La polémica por la supuesta red de influencia rusa que habría operado contra el gobierno de Javier Milei sumó un nuevo capítulo: los propios medios que difundieron esos contenidos ahora están bajo la lupa.
Según una investigación del consorcio internacional de periodistas nucleados por openDemocracy, al menos 15 medios fueron consultados para explicar la publicación de artículos que, de acuerdo a documentos filtrados, habrían sido parte de una campaña coordinada desde el Kremlin.
Las respuestas dejaron más dudas que certezas. En su mayoría, los medios negaron vínculos directos con la supuesta operación, pero reconocieron que los contenidos llegaron a través de intermediarios difusos: agencias, consultoras o terceros en los que —según admitieron— confiaron sin controles suficientes.
Uno de los puntos más sensibles del caso es la admisión de fallas en los procesos editoriales. Varios de los consultados reconocieron que publicaron estos artículos sin una verificación rigurosa del origen, lo que habilitó la difusión de material potencialmente vinculado a intereses extranjeros.
Pero el dato más delicado surgió de dos fuentes que fueron más allá:
Aunque negaron conocer el origen final de los fondos, la coincidencia temática con los documentos filtrados refuerza la sospecha de una operación coordinada.
En paralelo, algunos medios directamente optaron por el silencio. Entre ellos, C5N, A24 y El Destape, que no respondieron las consultas. Otros evitaron dar detalles sobre sus mecanismos internos o la identidad de los autores.
El caso más representativo fue el del portal Realpolitik. Su director admitió que publican columnas de opinión con frecuencia y sostuvo que desconocía el origen de los artículos cuestionados, sugiriendo que cualquier irregularidad habría ocurrido sin conocimiento directo de la redacción.
Más allá de la posible injerencia extranjera, el foco ahora también apunta al funcionamiento interno del sistema mediático.
La coincidencia entre los contenidos publicados, los montos detectados y el uso de identidades falsas plantea una interrogante incómoda: ¿negligencia periodística o un entramado más profundo que ahora intentan minimizar?